lunes, 23 de noviembre de 2015

El Estado como sujeto inmoral






Intervención de don Miguel Ayuso Torres, Presidente del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, frente cultural de la Comunión Tradicionalista, en el curso "Del buen gobierno y el liderazgo", del Instituto de Filosofía Práctica de Buenos Aires, sobre "El Estado como sujeto inmoral". Examinó el origen del Estado (moderno) como artefacto éticamente neutro, su evolución hacia el ·"Estado ético" rousseauniano (que no es el Estado sometido a la Ëtica sino el que pretende crearla), su debilitación en Estado "modular" (puesto al servicio de los caprichos de los individuos) y su conversión reciente en "Estado moralizador" pero inmoral.

Muy recomendable, por su calidad y profundidad teórica e intelectual. 

lunes, 12 de octubre de 2015

El Romanticismo vehículo de destrucción de la Tradición

   El romanticismo es una reacción al racionalismo ilustrado, y a los principios y práctica de la Revolución francesa. Reacción consistente en la exaltación de las particularidades propias y del pasado vivido, especialmente del pasado medieval, resaltando las libertades que los pueblos de aquellas épocas disfrutaban. Como tal, la reacción es positiva.

   Los pueblos no aguantaban más las frías construcciones racionalistas ajenas a su alma y al calor de sus tradiciones. Porque más allá de una mera sociedad organizada para fines racionales al modo contractual de Rousseau, o de la concepción mecanicista del Estado, o del despotismo ilustrado, más allá de eso el pueblo es una comunidad.

   Como reacción al individualismo burgués, al centralismo uniformador y al naciente capitalismo, el romanticismo tiene muchos lugares comunes con el Tradicionalismo.

   El problema surge cuando esa exaltación se hace desde una perspectiva meramente "natural", y termina en naturalismo puro. No digamos cuando esa mirada al pasado es totalmente pagana. El movimiento romántico degenera vía naturalismo, por tanto, en el nacionalismo; y esto es grave porque este naciente nacionalismo arraiga en zonas tradicionalmente tradicionalistas y de fuerte resistencia a la modernidad. El nacionalismo será una forma de atemperar su tradicionalismo y a la larga de diluirlo totalmente: el caso catalán o vascongado es paradigmático.

   Este nacionalismo romántico tenderá a idealizar el pasado a base de "mitos" y por tanto se alejará de la verdadera Tradición siempre arraigada en la auténtica historia. El nacionalismo es una "idolatría política" que invierte la correcta jerarquía de principios. La exaltación de la "nación", conduce a la larga, se quiera o no, a la relegación de la religión como fundamento esencial y unificador. Destruyendo así el principio vital que vivificaba las tradiciones, libertades y instituciones de los pueblos. Incluso los "nacionalismos católicos" primarán el interés nacional y la religión tanto en cuanto sirva a la "nación". Primará la "nación" sobre la "tradición".

   En los aludidos casos catalán y vascongado la descristianización de sus respectivos ámbitos ha tenido lugar con ocasión de los gobiernos nacionalistas, habiendo estado esos partidos nacionalistas, de inspiración o de antigua confesionalidad católica, a la vanguardia de políticas anticristianas. Ejemplo muy reciente es el apoyo del PNV al aumento del genocidio legal del aborto con la nueva y sanguinaria ley propuesta por el PSOE.

   El Dios, Patria, Fueros y Rey es la correcta relación de principios; su alteración es un principio revolucionario y disolvente.

   En el caso de la América hispánica esos nacionalismos católicos, pese a ser más consecuentes con su confesionalidad, han bebido de "mitos" y "símbolos" revolucionarios. Es curioso como en muchos casos exaltan a los "padres de la patria" de sus "naciones", siendo estos masones y liberales. Aceptan sus símbolos, siendo estos igualmente liberales y masónicos en su origen; aceptan todo el proceso de sus "independencias", proceso igualmente revolucionario. Y al mismo tiempo ese nacionalismo les sirve para oponerse a los católicos de otros pueblos hermanos, impidiendo el proceso de una verdadera restauración que debería conllevar a la formación de una Comunidad de pueblos hispánicos.

   El error romántico de base es el "naturalismo" y el “sentimentalismo” que lleva parejo; exaltar lo puramente natural, lo que degenerará en la creación de "idolatrías políticas": la orografía, las peculiaridades folclóricas, culturales o lingüísticas, la "raza", etc. Siempre en detrimento de la Tradición como ejecutoria histórica y real, y del principio espiritual sobrenatural que la alimenta y da coherencia.

   En este sentido hay romanticismos de derechas de tipo conservador (que no escapan de ese naturalismo) y los hay de tipo más liberal (y tono revolucionario). Pero en los dos casos la raíz anti-tradicional es idéntica. Aún así entre los románticos habrá quien termine en una verdadera conversión al catolicismo y en una defensa de la verdadera Tradición y buscando, por tanto, la restauración. Pero lo más normal es que el romanticismo que en un principio nace con un tono conservador, degenere pronto en liberalismo, y en muchos casos derive en puro pre-fascismo y posteriormente en progresismo disolvente (contradiciendo totalmente sus propios orígenes). Todo ello mediante la exaltación de "mitos" y de elementos puramente naturales por la asunción del principio de inmanencia propio de la filosofía moderna de la que no se escapan.

   El sentimentalismo romántico ha operado como vehículo de trasvase de los pueblos tradicionales hacia el liberalismo vía un vaciamiento del alma de los pueblos, mediante el idealismo romántico. La defensa de la religión y de las libertades tradicionales, se debe hacer siempre desde una perspectiva sobrenatural y trascendente que es la que las vivificaba y unificaba, arrancado ese principio el pasado pierde significación y la restauración se hace imposible. Sólo la Religión es el centro de una comunidad y antídoto al individualismo disolvente.

   Tengamos mucho cuidado en la no generación de “Tradicionalismos románticos”. La Fe católica asimilada y vivida debe ser siempre la norma de nuestro actuar personal y político.


viernes, 25 de septiembre de 2015

Wilhelmsen sobre los "católicos" liberales.

"El desfile intolerable de damas liberales y de sus maridos que, vestidos de levita y chistera, iban a misa todos los domingos y ultrajaban el sentido de justicia de los desposeídos" ayudó "a la propaganda comunista, que se empeñaba en identificar el liberalismo con el cristianismo". "Era un cristianismo muy cómodo". "El liberalismo ya había borrado lo religioso de la vida pública". "La fe se retiró de los rincones del alma no tocados por la vida pública. La religión se redujo a la beatería, un fenómeno típicamente liberal. Muchas familias, cuyo bienestar dependía del robo de los bienes de la Iglesia, no faltaban nunca a sus devociones en la iglesia, domingo tras domingo. Como la conciencia liberal quería engañarse a sí misma, no es de extrañar que el comunismo, por haberse dado cuenta de esta mala fe, fuera capaz de engañar a las masas. ¡Si esto es el cristianismo, entonces, abajo el cristianismo! Es una lástima tener que decir que aquí el comunismo tenía razón".

 (Federico D. Wilhelmsen. El problema de occidente y los cristianos. 1964)

domingo, 19 de julio de 2015

Treinta años de esclavitud (por Juan Manuel de Prada)

   Se anda celebrando en estos días el trigésimo aniversario de la «adhesión de España» a la Unión Europea, que es tanto como si el sifilítico terminal celebrase la fecha en la que contrajo el treponema. Treinta años de sometimiento y esclavitud, de desnaturalización y extrañamiento que han dejado a España convertida en un harapo en todos los órdenes, una colonia de cipayos que, mientras son ordeñados concienzudamente, mientras son despojados de sus tradiciones, mientras contemplan los muros desmoronados de la patria, siguen farfullando memeces sobre los años de «prosperidad» que la «adhesión» nos ha brindado y (risum teneatis) sobre una Europa de fantasía fundada en el cristianismo, la filosofía griega y el derecho romano. Como diría Manolo Morán en Bienvenido, míster Marshall: «Cursiladas y mamarrachadas».

   Europa (la Europa verdadera, no esa versión de merengue que se han inventado los noños y los meapilas) nació de la ruptura con el cristianismo, la filosofía griega y el derecho romano. La Europa verdadera nació como muy bien explica Elías de Tejada de la ruptura religiosa de Lutero, la ruptura ética de Maquiavelo, la ruptura política de Bodino, la ruptura jurídica de Hobbes y la ruptura social de la Paz de Westfalia; y estas cinco rupturas hallarían su desembocadura común en los procesos revolucionarios, de neta inspiración antiespañola. Pues el propósito de Europa fue siempre destruir España, algo que empezó a lograr a comienzos del XIX, hasta la rendición definitiva, consumada con la «adhesión» (en realidad rendición) de España a la UE.

   El profesor Miguel Ayuso, en El Estado en su laberinto, ha estudiado los destrozos políticos que ha causado nuestra rendición a la UE. Europa ha sido, en efecto, la culpable principal del clima «postestatal» que se respira en España, mediante la «transferencia de competencias estatales que implican su abandono y no una simple delegación» a brumosos organismos burocráticos con sede en Bruselas; así como de la dispersión del poder político en grotescos entes autonómicos que sólo se reconocen en una supranacionalidad europea igualmente grotesca. Toda esta desnaturalización y desintegración política nos refiere Ayuso nos ha convertido en rehenes de «organismos supranacionales que se han evidenciado vacíos de toda idea moral, como no lo sea la muy vaga y hasta aniquilante del pacifismo a ultranza». Esta debilitación del Estado señala también Ayuso ha culminado con «la rendición de la política a la administración del economicismo» al servicio de un neolibelismo globalizador que favorece a las grandes corporaciones multinacionales, a costa de desbaratar la economía natural de las naciones.

   La UE nos ha destruido políticamente; ha arruinado nuestra economía natural (sobornando a agricultores y ganaderos, cerrando nuestras fábricas y convirtiéndonos en suministradores de «servicios»); ha aniquilado todo vestigio de justicia social (todas las reformas laborales que hemos padecido han sido impuestas por los peleles de Bruselas, al servicio de la plutocracia internacional); y, en fin, ha arrasado nuestras tradiciones seculares, convirtiéndonos en masa cretinizada, desdiosada y «multicultural». ¡Ah, y nos ha facilitado el «acceso libre al porno», como señaló orgulloso el botarate que preside el Partido Popular Europeo!

   Ese descenso a la mierda es lo que celebramos en estos días. Pobre España, humillada, mendicante y genuflexa, convertida en sanatorio de sifilíticos terminales que le ponen una tarta con velitas al treponema que los convirtió en eunucos.

miércoles, 1 de julio de 2015

Carlismo: democracia directa

  Félix Igoa Garciandía, nacido en Echarri-Aranaz, Navarra, en 1917. Fue voluntario de la Partida Barandalla y del Tercio de Santiago. En el libro "Requetés" (Pablo Larraz Andía y Víctor Sierra-Sesúmaga) nos muestra su testimonio y nos narra cómo era la vida en Echarri a comienzos de los años 30. Es curioso ver como, en los pueblos donde pervivía el carlismo, la participación municipal era mucho más democrática que la de los pueblos donde regía el sistema democrático liberal. Con sus propias palabras, Félix nos cuenta cómo se gestionaban entonces los municipios:

"Mi padre era analfabeto, un buen padre y muy trabajador, siempre en el monte, y aunque era carlista y poco hablaba de política, sí contaba de los antiguos auzos, unas casas donde se reunía todo el pueblo para tomar las decisiones. Allí se juntaban los vecinos de cara a eligir el ayuntamiento y el alcalde, a opinar sobre cosas importantes. Allí tenían voto todos: el más pobre y el más miserable tenían el mismo voto que el primero. Si no había arreglo, se hacía votación, y en caso de que no se ganara la votación por mayoría, si empataban, la gente mayor, los viejos, eran los que decidían. Eso era auténtica democracia, y oí mucho a mi padre hablar de eso. 

   Luego, de los auzos salía el auzolán: trabajos en balde de todos los vecinos en beneficio del pueblo. Se pagaba algún jornal: dos pesetas por día, y si aportabas mula o buey para el trabajo, cuatro pesetas. Entonces había más solidaridad entre la gente.

   Después de la guerra carlista fue un desastre para el pueblo: nos quitaron la propiedad comunal de la sierra, el derecho a montes; nos quitaron cosas esenciales para la vida del pueblo."

viernes, 22 de mayo de 2015

Santa Joaquina de Vedruna: Una Santa Carlista

   Joaquina de Vedruna fue una Santa que duró casada hasta los 33 años. Tuvo ocho hijos y bastantes nietos. A los 47 años fundó la Comunidad de las hermanas Carmelitas de la Caridad, y al morir a los 61 años había fundado conventos, escuelas y hospitales en diversos sitios de España.

   Nació en Barcelona, España, en 1773. Su padre, Don Lorenzo de Vedruna, era rico y alto empleado del gobierno. Su familia era muy católica. La niña desde muy pequeña tuvo mucha devoción al Niño Jesús y a las benditas almas. Algo que la caracterizó desde sus primeros años fue un gran amor a la limpieza. No toleraba ninguna mancha de mugre en sus vestidos. Y esto la fue llevando a no tolerar tampoco mancas de pecado en su alma.

   A los doce años sintió un gran deseo de ser religiosa carmelita. Pero las monjitas no la aceptaron porque les parecía muy niña todavía para decidirse por la vocación religiosa. A los 26 años, en 1799, contrae matrimonio con un rico hacendado, don Teodoro de Mas, muy amigo de su padre, y empleado oficial como él. Teodoro estimaba mucho a las tres hijas de Don Lorenzo y para decidirse por una de ellas les llevó un pequeño paquetico de dulces de regalo. Las dos primeras lo rechazaron como un regalo demasiado infantil, pero Joaquina lo aceptó con alegría exclamando: "Me encantan las almendras". Este gesto de humildad decidió al joven a elegirla como esposa.

   Al principio de su matrimonio sentía a veces serios escrúpulos por no haber seguido la vocación de religiosa que de niña tanto le llamaba la atención, pero su esposo la consolaba diciéndole que en la vida de hogar se puede llegar a tan alta santidad como en un convento y que con sus buenas obras de piedad iría reemplazando las que iba a hacer en la vida religiosa. Esto la tranquilizó. 16 años vivió con su esposo, y Dios le regaló ocho hijos. Y como premio a su sacrificios, cuatro hijas se hicieron religiosas, y varias de sus nietas también.

    Napoleón invadió España y el esposo de Joaquina se fue al Ejército y participó valerosamente en cinco batallas contra los invasores. Joaquina y sus niños tuvieron que abandonar la ciudad de Barcelona y huir hacia la pequeña ciudad de Vich.

   Cuando Joaquina y sus hijos andaban por la llanura huyendo, de pronto apareció una misteriosa señora y la condujo hasta Vich a casa de una familia muy buena, que los recibió con gran cariño. Enseguida la Señora desapareció y nadie pudo dar razón de ella. Joaquina creyó siempre que fue la Santísima Virgen quien llegó a auxiliarla.

   Un día mientras estaba rodeada de su familia, le pareció oír una voz que le decía: "Pronto te vas a quedar viuda". Ella se preparó a aceptar la voluntad de Dios, y a los dos meses, aunque su esposo gozaba de buena salud, y apenas tenía 42 años, murió imprevistamente. Joaquina quedaba viuda a los 33 años, y encargada de ocho hijitos.

   Desde aquel día dejó todos sus vestidos de señora rica. Y se dedicó por completo a ayudar a los pobres y a asistir a los enfermos en los hospitales. Al principio la gente creía que se había vuelto loca por la tristeza de la muerte de su esposo, pero pronto se dieron cuenta de que lo que se estaba volviendo era una gran santa. Y admiraban su generosidad con los necesitados. Ella vivía como la gente más pobre, pero todas sus energías eran para ayudar a los que padecían miseria o enfermedad.

   Durante diez años estuvo dedicada a penitencias, muchas oraciones y continuas obras de caridad, pidiéndole a Dios que le iluminara lo que más le convenía hacer para el futuro. Cuatro de sus hijas se fueron de religiosas y los otros cuatro hijos se fueron casando, y al fin ella quedó libre de toda responsabilidad hogareña. Ahora iba a poder realizar su gran deseo de cuando era niña: ser religiosa.
Se encontró providencialmente con un sacerdote muy santo, el Padre Esteban, capuchino, el cual le dijo que Dios la tenía destinada para fundar una comunidad de religiosas dedicada a la vida activa de apostolado. El sabio Padre Esteban redacta las constituciones de la nueva comunidad, y en 1826, ante el Sr. Obispo de Vich, que las apoya totalmente, empieza con ocho jovencitas su nueva comunidad a la cual le pone el nombre de "Carmelitas de la Caridad".

   Pronto ya las religiosas son trece y más tarde cien. Su comunidad empieza siendo muy pequeña y llega a ser un gran árbol lleno de buenos frutos. Ella va fundando casas de religiosas por toda la provincia.

   Tuvo Santa Joaquina la dicha de encontrarse también con el gran apóstol San Antonio María Claret cuyos consejos le fueron de gran provecho para el progreso de su nueva congregación.

  Vino luego la primera guerra carlista y nuestra santa, perseguida por los liberales, porque había colaborado en las filas de la Tradición ofreciendo refugio y ayuda a los voluntarios de la Santa Causa, tuvo que huir a Francia donde estuvo desterrada por tres años. Allí recibió la ayuda muy oportuna de un joven que ella creyó siempre que fue San Miguel Arcángel, y Dios le preparó en estas tierras a una familia española que la trató con verdadera caridad.

   Al volver a España, quizás como fruto de los sufrimientos padecidos y de tantas oraciones, empezó a crecer admirablemente su comunidad y las casas se fueron multiplicando como verdadera bendición de Dios.

   En 1850 empezó a sentir los primeros síntomas de la parálisis que la iba a inmovilizar por completo. Aconsejada por el Vicario Episcopal renunció a todos sus cargos y se dedicó a vivir humildemente como una religiosa sin puesto ninguno. Aunque conservaba plenamente sus cualidades mentales, sin embargo dejó a otras personas que dirigieran la Congregación. Dios le suscitó un nuevo y santo director para su comunidad, el Padre Bernardo Sala, benedictino, quien se propuso dirigir a las religiosas según el espíritu de la santa fundadora.

   Durante cuatro años la parálisis se fue extendiendo y la fue inmovilizando por completo hasta quitarle también el habla. Vino luego una epidemia de cólera, la cual acabó con su vida y el 28 de Agosto de 1854 pasó santamente a la eternidad.

   Antes había tenido el gusto de ver aprobada su Comunidad religiosa por la Santa Iglesia en 1850. Y desde entonces ha venido ayudando de manera prodigiosa a sus religiosas que se han extendido por muchos países.

   Fue declarada santa por Juan XXIII en 1959 (siendo ella la primera persona que canonizó este Pontífice).

viernes, 15 de mayo de 2015

Discurso profético de Vázquez de Mella

   “Mi creencia es tan firme sobre la esterilidad de las contiendas parlamentarias y la proximidad de las terribles contiendas sociales, que, si no la hubiera arraigado en mí el estudio de la impiedad moderna en todas sus formas, me la impondría la extraña ceguera de los que no ven la marcha vertiginosa de la revolución y todavía creen −por no fijar la vista empañada más que en un punto y no compararlo con lo que lo rodea, para notar las diferencias de posición− en la perpetuidad de un presente que hace tiempo se desliza, por un plano inclinado, hacia el abismo.

   En las crisis supremas suelen los humildes ver con más lucidez que los hábiles. Yo tengo el presentimiento de que la hora de una catástrofe social, preparada por tres siglos de herejías y uno de ateísmo, está próxima, y que se va a dividir de nuevo la historia con una edad que termina y con otra que comienza.

   Y temo que el día en que se apague una lucecilla que arde en la colina del Vaticano, lanzando melancólicos resplandores sobre la iniquidad de un mundo ingrato; el día en que −cumplida la misión providencial de haber llevado hasta el último límite la misericordia divina para preparar el camino de la justicia− la luz se apague, puede ser que un viento de muerte sacuda la pesada atmósfera que gravita sobre las almas, y que, en el momento en que una turba insensata, acaudillada por los apóstoles de la impiedad, escale los muros del templo para arrancar de la techumbre social la cruz de Cristo, que es y será siempre el pararrayos espiritual contra todas las tempestades de la vida, puede ser que una nube sombría y tormentosa invada los horizontes y los ilumine súbitamente con la centella que rasgue sus entrañas, para que veamos avanzar sobre el suelo, calcinado por la revolución, de esta Europa apóstata y cobarde una ola negra, muy negra, coronada de espumas ensangrentadas, que arrastre, entre sus aguas impuras, astillas de tronos y fragmentos de altares, y que dé comienzo a una noche funeral que se cierna sobre la tierra y parezca interrumpir la historia.”

Juan Vázquez de Mella, 29 de julio de 1902 en Santiago de Compostela

martes, 12 de mayo de 2015

¿Deber de votar? (Álvaro d' Ors)


   El deber de votar: he aquí un tema muy central de la Moral política de hoy, en el que el magisterio episcopal no ha dejado de pronunciarse en la España anti-cristiana de hoy, invocando, aunque no sea de manera expresa, la doctrina del “mal menor” (…).

   Desde nuestro punto de vista (…) la participación en las elecciones implica, ante todo, una aceptación de los principios del sistema. Como hemos dicho ya, y hemos explicado en otras ocasiones anteriores, el voto se compone de una opinión –la opción personal- y un acto de voluntad, que no tiene por objeto esa misma opinión, sino, -y esto es lo más grave- la aceptación del resultado del escrutinio. Quien emite el voto –sea electivo sea legislativo –viene a decir: “yo opino que esto es lo mejor, pero en todo caso acepto y quiero lo que del resulte del escrutinio”. Esa es la “volonté générale” del liberalismo. Es decir, votar es aceptar el sistema impuesto, como, en cualquier competición deportiva, el que toma parte en ella, aunque pugne por vencer, acepta las reglas del juego y acepta el resultado que declare el árbitro. Quien no quiera aceptarlo, no debe participar en el juego.

   Así pues, también en esto lo que debe tenerse en cuenta es la consideración de la prudencia. Toda la cuestión del llamado “mal menor” debe plantearse como cuestión de prudencia, y, por tanto, casuísticamente, por las diferencias prácticas entre una actuación positiva o una abstención (…) es cierto que la actitud de abstención, perfectamente lícita, tiene un alcance mayor, por cuanto equivale a una repulsa del orden establecido por el poder constituido. En otras palabras: no participar en el sufragio es una oposición no solo a un acto concreto de la potestad, sino a todo el orden establecido por ella. Con todo, no implica un desacato a la potestad misma y, por ello, es lícita la abstención. Esto, aparte de que, como se dice conclusivamente en el estudio antes citado, “la política del mal menor es la política del mal mayor”, por los efectos actuales de la claudicación de principios que tal “política” siempre supone. Solo por el afán de adhesión a las corrientes dominantes de un momento histórico puede explicarse la obcecación doctrinal que ha llevado a una declaración de autoridad que grava tan innecesaria e indebidamente la conciencia de los fieles con el nuevo y supuesto deber de participar en las elecciones, cuando en otras ocasiones moralmente más apremiantes se optó por un desorientador silencio. En el fondo, sería como si se hubiese impuesto a los cristianos de la época de Nerón el deber de participar en los actos oficiales del culto imperial, siempre en virtud del “mal menor”, porque, en efecto, el dominio del emperador romano era “menos malo” que la anarquía que podría ser la consecuencia de la insubordinación contra el orden oficial de la época. Pero es claro que el deber de acatar la potestad de Nerón no conlleva la de aceptar el orden oficial por él impuesto, pues, como hemos recordado, hay que obedecer a Dios más que a los hombres (Hechos V, 29) y no hay diferencia esencial entre la potestad de Nerón y la de los nuevos gobiernos democráticos, cuyo anti cristianismo es, desde luego, mucho menos disculpable que el del ignorante Nerón.

miércoles, 6 de mayo de 2015

El integrismo o la "inalterabilidad de las doctrinas."

   El integrismo se identifica con la ortodoxia de la verdadera tradición, por lo que el hecho de ser católico es prioritario y lo que le confiere identidad, por encima de cualquier militancia política o social. La religión católica es el factor decisivo y referencia a la hora de tomar decisiones en materia personal y político-social. No se puede pues, transigir sobre los principios católicos, porque la verdad está ligada a ellos. Su nombre (integrismo) le viene de su defensa a ultranza de la integridad de la verdad católica y su adhesión a ella sin reservas, así como de su absoluta intransigencia con el error. El nombre oficial fue el de Partido Católico Nacional y tenía como presidente a su fundador (1888), Ramón Nocedal, aunque luego se integraría nuevamente en la Comunión Tradicionalista. Sus militantes principales procedían del carlismo, y el órgano de difusión de sus doctrinas fue El Siglo Futuro. La actitud del partido fue siempre la de manifestarse como enemigo irreconciliable de la sociedad alumbrada por el liberalismo. Fue la suya toda una radical reacción contra el incipiente proceso de modernización que estaba teniendo lugar en España.

   La doctrina del partido queda perfectamente recogida en el discurso que D. Ramón Nocedal tiene en Burgos (julio de 1889): «Antes que nada y sobre todo, somos católicos (...) y así nuestra primera acción sea humillarnos ante su Vicario en el mundo, a quien se debe sujetar y rendir toda humana criatura y decirle: "Habla, Señor, que tus hijos escuchan, ganosos de oír tu voz y obedecer tus mandatos, con ansia de vivir y morir confesando y defendiendo todas y cada una de tus enseñanzas" (...). Más nosotros, católicos españoles, de verdad queremos que la historia de España se reanude y continúe allí donde fue interrumpida por la asoladora invasión de extranjeras novedades que la desnaturalizan y pervierten (...). Sustentamos que es monstruoso, insoportable despotismo, que la autoridad temporal, llámese Parlamento, República o César, se constituya fuente de todo derecho, juez y maestro de doctrinas (...). Quisiéramos asimismo que España, desgraciada y abatida por el liberalismo, tuviera bríos y pujanza como en los buenos tiempos de su cristiana fe (...). Amamos y defendemos la libertad, y por eso aborrecemos los horrendos que, con nombre de libertad de conciencia, libertad de cultos, libertad de imprenta, abrieron las puertas de nuestra patria a todas las herejías y a todos los absurdos extranjeros y extranjerizados que ya habían llenado de luto y vergüenza a otras naciones (...). Lo primero y principal es que España sea bien gobernada, según la norma establecida en nuestras antiguas leyes y enseñada recientemente por León XIII en sus admirables encíclicas. Y así, dedicaremos todas nuestras fuerzas a preparar el advenimiento del Estado cristiano (...). Pongámonos a defender la soberanía social de Jesucristo». En 1901, con ocasión de los debates en el Parlamento sobre las congregaciones religiosas, Ramón Nocedal invita «a pelear con los partidos liberales, a quienes no yo –dice–, sino León XIII, llama imitadores de Lucifer». 

   Más adelante, en 1906, Nocedal volvió a la Comunión Tradicionalista y ya, durante la Segunda República, volvió el partido en sí a la disciplina de la Comunión, como no podría ser de otra forma, pues el integrismo religioso es la piedra angular del carlismo. Dio muchas personalidades dentro del carlismo, entre ellas: A. Aparisi y Guijarro, J. M. Ortí y Lara, F. Sardá y Salvany, Fal Conde... etc. 

sábado, 2 de mayo de 2015

El liberalismo es pecado, de Félix Sardá y Salvany

   Félix Sardá y Salvany (Sabadell, 1841-1916), sacerdote desde 1864 y licenciado por la Universidad de Barcelona en Derecho y Filosofía y Letras, fue profesor del Seminario Conciliar de Barcelona y, desde 1868,  párroco de San Félix en su ciudad natal. Carlismo.es publica hoy El Liberalismo es Pecado, sin duda la más conocida de sus numerosísimas obras. El tono polémico, la lógica sin concesiones y la claridad de esta obra provocaron las iras de  los liberales que trataron de refutarla y desprestigiarla por todos los medios. Ante las numerosas denuncias recibidas, la Sagrada Congregación del Índice respondió con una inequívoca alabanza de esta obra y con una dura amonestación al canónigo Celestino Pazos que, en 1885, había publicado contra ella El proceso del integrismo. Traducido a muchos idiomas, este libro se encuentra en varias páginas de Internet. Hemos tratado de corregir las erratas de la versión electrónica que circulaba, aunque de seguro quedan otras que procuraremos enmendar lo antes posible.

Para acceder al libro, pulsar en el siguiente enlace:

Los fueros como expresión de libertades y raíz de España

   La editorial navarra Gómez publicaba en 1965 un interesantísimo folleto, titulado Los fueros como expresión de libertades y raíz de España, que recogía un discurso pronunciado por José Ángel Zubiaur Alegre en el Teatro Buenos Aires de Bilbao, el 25 de octubre del año anterior, en un acto convocado por la Junta Señorial de
Vizcaya de la Comunión Tradicionalista. A través de sus veintisiete páginas, el ex-diputado foral de Navarra desgrana el significado del fuero con sugestivos apuntes -por ejemplo, al presentar el centralismo como la antecámara de la revolución- y curiosos guiños al momento político, con un cierto sentido de oportunismo que no era infrecuente en el carlismo oficial de la época -como el comentario sobre la unidad de destino en lo universal o el principio foralista aplicado a una organización europea. Zubiaur nunca olvidó que cualquier intento de restauración debía pasar por los fueros, continuación de las Españas.

   El foralismo, enclavado en el tetralema, tiene gran importancia actual pues se trata de un bastión de libertad. Frente a la fórmula positivista que defiende al Estado como único órgano con derecho a erigir un sistema legislativo, y frente a la absorción de todo tipo de funciones por el Estado, el Carlismo abanderó el principio «Más sociedad y menos Estado». Tal principio no tardaría en ser reconocido por Pío XI en la encíclica Quadragesimo anno, con la denominación de principio de subsidiariedad, según el cual los organismos superiores pueden suplir, pero nunca suplantar a las inferiores.

   El Carlismo siempre combatió la centralización política y administrativa y persiguió la restauración de la personalidad política de las regiones —opuesta tanto al centralismo como al separatismo—, la autarquía (principio jurídico, no económico) y el sistema de libertades concretas que permite armonizar el bien personal y el común de toda la sociedad. Y tanto el liberalismo como el socialismo han remado en la dirección contraria, al erigir el Leviatán que aplasta cualquier autonomía propia y niega toda diversidad. La tradición, sufragio de los siglos, con su constitución histórica y federativa de la sociedad, desaparece con la aplicación de los patrones racionalistas del constitucionalismo liberal.

   El 15 de abril de 1859, Aparisi y Guijarro clamaba en su tribuna: «perdonadme, señores, la expresión, si es algún tanto bárbara: es muy fácil hacer fueros, hacer leyes, hacer constituciones; pero es muy difícil hacer costumbres». El valenciano ponía el dedo en la llaga al resaltar la inadecuación de las leyes a la realidad en la legislación del Derecho Nuevo. Tal como decía el Ideario de Jaime del Burgo, no puede existir la misma legislación para todas las regiones, lo mismo que «un chaleco que confecciona un sastre, no viene bien a todos los hombres». La igualdad del hombre nunca existió y la Cristiandad y el mundo antiguo, por sentido común, se articularon en torno a las diferencias. Cada territorio y grupo social se organizaron según las necesidades de cada momento y lugar, y así constituyeron, en cierta manera, una democracia jerárquica, donde el verticalismo no tenía cabida. El fuero no era, ni es, un privilegio ni un resabio egoísta que afrente al español.El algarrobo y la encina

   Como respuesta a los problemas generados por el centralismo, el Estado ideó el Estatuto, figura revolucionaria que intentaba suplir el fuero, como recordó Víctor Pradera. De nuevo, el tradicionalismo recordó que las fórmulas de laboratorio eran ajenas a la tradición y nunca han faltado voces para denunciar los engaños de semejante suplantación. Así, Vallet de Goytisolo, ya auguró, en 1982, que «los parlamentos regionales pueden llevar hasta su propio terreno la mentalidad jurídica racionalista, operativa y utópica de derecho legislado que todo lo quiere regular, organizar y transformar, de acuerdo con los modelos creados con caldo de cabeza».

Qué es el carlismo

El carlismo es un movimiento político y social legitimista de carácter antiliberal y contrarrevolucionario surgido en 1833 y que defiende la continuidad de la dinastía legítima en el trono español, propugnando la vuelta de un sistema político de Cristiandad mediante la restauración del Reinado Social de Cristo, es decir, de la unión sagrada del Altar y del Trono, así como la recuperación del sistema de libertades forales y del derecho natural y cristiano frente al positivismo tiránico del Estado.

Como bien resumió Francisco Elías de Tejada en su obra ¿Qué es el carlismo?, hay tres elementos esenciales, resumidos en el cuatrilema de Dios, Patria, Fueros y Rey, que son la base del ideario carlista:

a) Una bandera dinástica: la de la legitimidad.
b) Una continuidad histórica: la de Las Españas.
c) Y una doctrina jurídico-política: la tradicionalista.

Hoy, el carlismo se aglutina bajo Comunión Tradicionalista que, abanderada por el Príncipe Regente Don Sixto Enrique de Borbón, busca la restauración del viejo orden cristiano frente a todo tipo de ideologías de la modernidad. En estos tiempos de revolución permanente, la Comunión Tradicionalista representa, en las Españas de ambos hemisferios, la última bandera de la causa de la Cristiandad Hispánica.






viernes, 1 de mayo de 2015

El Movimiento Obrero Tradicionalista (MOT)

   El Movimiento Obrero Tradicionalista, tiene su origen en los primeros años de la década de los sesenta en el seno del carlismo. Sus primeros pasos se dieron en Murcia en 1963, con el claro objetivo de enlazar con la tradición obrerista del carlismo, especialmente con la experiencia de los Sindicatos Libres, creados por el carlismo en la primera mitad del siglo XX.

   Uno de los primeros inspiradores fue el sindicalista  vasco Périco Olaortúa, antiguo militante de los “libres”, defensor de la propiedad sindical, pero no estatista y contrario al principio de la lucha de clases. En la circular de presentación, en 1963 del M.O.T, se leía:

   “Este movimiento obrero de la Comunión Tradicionalista quiere ser dentro de la interpretación católica de la cuestión social, el germen  de un nuevo y renovado impulso en el carlismo, para su proyección en el mundo del trabajo”.

   Su órgano difusor fue la revista “Vanguardia Obrera Tradicionalista”. En 1964 el VOT transcribe en su número 3 un manifiesto  de Ramón Sales,  líder de los Sindicatos Libres carlistas, donde entre otras cosas se decía:

   “Los Sindicatos Libres aspiran a la abolición del sistema capitalista”.

   El M.O.T de Cataluña también se consideraba continuador de la obra de Sales y de los Libres, y en un documento se definen como:

   “No en vano es la vanguardia de la lucha obrera, la continuación de aquellos Sindicatos Libres, fundados en los años 20 por Ramón Sales” (El M.O.T de Cataluña y la Reforma Sindical).

   En las Conclusiones del Tercer Congreso del M.O.T celebrado en Madrid los días 31 de octubre y 1 de noviembre de 1965, se declaran partidarios del Corporativismo, en la más genuina tradición social católica:

   “El Cooperativismo es un sistema social cristiano por excelencia, en donde el hombre vuelve a ocupar el puesto de primacía que le corresponde en la actividad productiva, sometiendo el capital a su servicio y reduciéndole a sus justos límites de instrumentos de la producción y no como medio de dominio del hombre (…) Frente a la propiedad privada de unos pocos y a la propiedad colectiva que es de uno solo, el cooperativismo supone la propiedad privada para todos a la vez, que es una propiedad social al servicio de los socios. (…) El Tradicionalismo, fiel a los principios sociales cristianos que constituyen  la esencia de su doctrina, propugna el sistema cooperativo como una solución que contribuirá a resolver el problema social económico de nuestros días”.

   En el mismo Congreso se proponen como textos básicos de formación para los militantes del M.O.T los siguientes libros: Breve historia del Legitimismo español de Melchor Ferrer, La Monarquía Social y Representativa de Rafael Gambra y Antología de textos de Vázquez de Mella también de Rafael Gambra. Así como el Breve curso del M.O.T; en este texto tras una feroz crítica al capitalismo liberal y a los sindicatos verticales franquistas, se definía de la siguiente forma al sindicalismo anarquista y marxista:

   “Los anarquistas son fieles al ideal obrero del reparto y de la propiedad en manos común. Pero dos fallos garrafales cometieron: 1-emplear como única táctica la violencia, ejercida muchas veces contra inocentes; 2- sus dirigentes están al servicio de la burguesía masónica (la historia de España los confirma). Los sindicatos marxistas representan la traición plena al ideal obrero. Estatismo, materialismo dialéctico en oposición al recio humanismo de la familia obrera, sacrificio de todo respeto a normas morales en aras de una táctica absorbente.Como decía Marx y repetía Lenin el marxismo no es un movimiento obrero sino una fuerza dirigida por intelectuales burgueses. La subordinación ciega de estos sindicatos al partido los incapacita para representar la causa obrera”.

   Sobre el marxismo se añadía:

   “La colmena es el resultado de la aplicación del marxismo a una sociedad. Es otro intento de superar el liberalismo que conduce a una masificación peor que la occidental. En la sociedad marxista pura, la China, porque la rusa parece querer asomarse a Occidente, ha desaparecido hasta la apariencia de libertad. Libertad ¿para qué? Decía Lenin.

   Los caracteres de la colmena soviética son:

1-Solidaridad entre hombres, impuesta coactivamente, nacida del odio a otros hombres. Los odiados reciben muchos nombres: contrarrevolucionarios, fascistas, imperialistas etc. Nótese que lo que define al enemigo no es el ser obrero o burgués, sino el estar excomulgados por el dogma marxista. Hay burgueses marxistas y obreros anticomunistas, estos son sus peores enemigos.

2-Las decisiones de gobierno pertenecen en exclusiva a una minoría oficialmente definida: el partido.

3-Capitalismo de Estado. Las bases del capitalismo siguen  en pie; el único capitalista, el único patrón es ahora el Estado. El obrero sigue siendo una máquina; los peores salarios, las jornadas más duras de trabajo son las comunistas.

4-Dictadura del proletariado. Oficialmente se llaman democracias populares. Pero en realidad es un régimen totalitario en que todas las libertades fundamentales del hombre están encadenadas.

5-Toda la información es arma de propaganda política. Hablar de verdad o de mentira en cuanto lo que se diga coincide con la realidad de los hechos, carece de sentido político aplicado a la propaganda soviética. Si interesa decir que el descubridor de América fue un ruso, pues se dice. Si se afirma que el Papa es un servidor, hoy, de los intereses capitalistas y mañana que ha aceptado las tesis marxistas, no hay ningún rubor en proclamarlo.

6-El partido comunista verdugo y heredero de los antiguos grupos de presión. Los mata, hereda sus privilegios, los incrementa y ahoga la sociedad de forma total; controla todas sus manifestaciones religiosas, culturales, artísticas, políticas etc.”.
El M.O.T desapareció en 1970 no pudiendo superar la alocada deriva huguista y la demagogia impuesta por la traición del ex-príncipe, truncándose así una interesante experiencia, no carente de errores y mimetismos epocales, pero muy sugerente en la proyección social anticapitalista del carlismo contemporáneo.

Ramón Sales y Amenós: Obrerismo y Tradición
Economía, Tradición
El Matiner Carlí. 13.8.2013
http://elmatinercarli.blogspot.com.es

miércoles, 29 de abril de 2015

Fueros: costumbre y democracia directa

   Félix Igoa Garciandía, nacido en Echarri-Aranaz, Navarra, en 1917. Fue voluntario de la Partida Barandalla y del Tercio de Santiago. En el libro "Requetés" (Pablo Larraz Andía y Víctor Sierra-Sesúmaga) nos muestra su testimonio y nos narra cómo era la vida en Echarri a comienzos de los años 30. Es curioso ver como, en los pueblos donde pervivía el carlismo, la participación municipal era mucho más democrática que la de los pueblos donde regía el sistema democrático liberal. Con sus propias palabras, Félix nos cuenta cómo se gestionaban entonces los municipios:

"Mi padre era analfabeto, un buen padre y muy trabajador, siempre en el monte, y aunque era carlista y poco hablaba de política, sí contaba de los antiguos auzos, unas casas donde se reunía todo el pueblo para tomar las decisiones. Allí se juntaban los vecinos de cara a eligir el ayuntamiento y el alcalde, a opinar sobre cosas importantes. Allí tenían voto todos: el más pobre y el más miserable tenían el mismo voto que el primero. Si no había arreglo, se hacía votación, y en caso de que no se ganara la votación por mayoría, si empataban, la gente mayor, los viejos, eran los que decidían. Eso era auténtica democracia, y oí mucho a mi padre hablar de eso. 

   Luego, de los auzos salía el auzolán: trabajos en balde de todos los vecinos en beneficio del pueblo. Se pagaba algún jornal: dos pesetas por día, y si aportabas mula o buey para el trabajo, cuatro pesetas. Entonces había más solidaridad entre la gente.

   Después de la guerra carlista fue un desastre para el pueblo: nos quitaron la propiedad comunal de la sierra, el derecho a montes; nos quitaron cosas esenciales para la vida del pueblo."

Contacto

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Presentación

   Bienvenidos al blog de la Comunión Tradicionalista del Reino de Galicia. Desde aquí daremos a concocer nuestras actividades, publicaremos artículos y difundiremos el pensamiento tradicionalista español. 

   Fieles a la Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón, lucharemos en este "Antiguo Reino" por la Causa de Dios, Patria, Fueros y Rey. Con pocos medios, pero con entusiasmo y conscientes de que nuestra Causa es la más pura y verdadera; procuraremos reorganizar el carlismo en Galicia y contribuir a la lucha por el Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo, objetivo final de nuestras aspiraciones políticas.

   Vamos a tratar de actualizar este blog con cierta frecuencia, pues las circunstancias de nuestros días nos exigen, como soldados de Cristo que somos, el máximo compromiso con este Santo ideal. Aprovechamos también para hacer un llamamiento de unidad bajo la Comunión Tradicionalista a todos aquellos carlistas gallegos que buscan un halo de esperanza en un mundo que se desmorona.