martes, 31 de mayo de 2016

Patria e Hispanidad según el tradicionalismo

    El Tradicionalismo defiende la Unidad Católica de los pueblos hispánicos; defensa y armonización de las patrias históricas, grandes y chicas, luchando tanto contra el centralismo esterilizante como contra el nacionalismo disgregador. Contra el primero que defiende la unidad sin diversidad y al segundo que propone la diversidad sin unidad, sosteniendo la unidad en la diversidad. La restauración de los fueros, sociales y territoriales, defensa de la subsidiariedad evitando la esclavitud del Estado Nación moderno, el nuevo leviatán. Defendiendo la independencia auténtica de nuestra patria grande de los poderes ajenos, tanto económicos como extranjerizantes, incluyendo las organizaciones clandestinas con afanes de control mundial. Por una Confederación de Pueblos Hispánicos.



    El Tradicionalismo es la continuidad venerable de la Tradición común de los pueblos hispánicos, esparcidos por los cinco continentes, el Carlismo ha venido a ser la prolongación de un modo de ser que sucesivamente han cancelado el absolutismo, el liberalismo y el socialismo. En este sentido profundo, como la vieja Cristiandad medieval se continuó durante el período de la Casa de Austria en el mundo hispánico, convertido en una suerte de Christianitas minor, el Carlismo es una suerte de reserva de esa Cristiandad menor. 

    "Constituyendo una poderosísima confederación de los pueblos Hispano-Latinos de uno y otro hemisferio, se podrá así contrarrestar la pretensión absorbente de la raza sajona".
(Carlos VII)

    “La fidelidad a su gran Tradición que reanuda y su carácter de defensor magnánimo de ideas religiosas y de valores y principios morales, así de formas de cultura y de civilización opuestas a la concepción materialista de la vida(...)su misión apostólica, civilizadora, católica y aventurera, su condición de nación cristiana, occidental y mediterránea, que afirmará con máximo fervor siempre(...) solidaridad y apoyo frente a las fuerzas secretas o públicas de la Revolución internacional (...) Protección decidida a la labor apostólica y cultural en servicio a la creencia única que forjó la unidad española y forjó la Hispanidad".
(Manifestación de los Ideales Tradicionalistas)

    "La Hispanidad es hoy y siempre la misma cosa. Es como hablar de la "Romanidad". Yo diría que la Hispanidad es la última versión que los hombres dieron de un orden político acorde con la Tradición acotado a los tiempos modernos: fue la respuesta de la Inteligencia Católica frente a la ruptura del sistema religioso. Y si le cupo a España y ésta le dio el tinte de lo español, fue porque Dios así lo quiso y porque los reyes españoles respondieron "con honor (…) El amor a la patria es un sentimiento legítimo, es parte de nuestro "honor" y, como yo lo entiendo, está inscripto en el Cuarto Mandamiento: Honrar al padre y a la madre. La nación, la de cada uno de nosotros, es la tierra de nuestros mayores y tiene que ver con la piedad filial amarla y defenderla. Pero no es, en sí, un valor absoluto sino relativo. Las naciones surgen al abrigo y por impulso de la Civilización Cristiana que las ordena y armoniza por medio del Magisterio de la Iglesia, de tal manera que lo nacional y contingente se subordine a lo universal y católico. En este aspecto, España dio el ejemplo cuando, por un lado completó el Orbis Terrarum y lo conquistó bajo el signo de la Fe y, por otro, lideró la última cruzada contra el Islam, uniendo en una acción común a todas las naciones cristianas. Era obvio esperar que donde primero los estados se separaron de la Iglesia (Inglaterra y Alemania) la idea nacional se convirtiera en un valor absoluto. Posteriormente, por contagio y por abandono de los principios tradicionales, los estados y los hombres en general, le fueron dando a la idea de nación ese mismo valor absoluto aunque, diría yo, restringido, porque limitaron sus fines a sí misma y, en este sentido, la volvieron un principio instrumental. Hoy los nacionalismos se erigen como el "instrumento" contra la "globalización", con todos los riesgos y fracturas que esto implica; porque entiendo que es un riesgo y es en vano contestar una cosa "general" con otra "particular", aunque la general esté mal y la particular bien, pero cada una en su ámbito. La única manera de detener la globalización que se nos viene, es con argumentos" globalizantes", pero ciertos y buenos, como la filiación a la Iglesia Católica y a su Magisterio, sin perder la nacionalidad -porque de hecho no la ataca- pero subordinándola a ese valor supèrior y universal”.
(Elena Calderón de Cuervo)

    “Sin el sentimiento común en el presente y en el pasado que junte en una unidad corazones y conciencias, no hay Patria. Unidad de creencias y autoridad inmutable que las custodien; sólo eso constituye naciones y enciende patriotismos”.
(Juan Vázquez de Mella)

    "El pueblo decae y muere cuando su unidad interna, moral, se rompe, y aparece una generación entera, descreída, que se considera anillo roto en la cadena de los siglos, ignorando que sin la comunidad de tradición no hay Patria; que la Patria no la forma el suelo que pisamos, ni la atmósfera que respiramos, ni el sol que nos alumbra, sino aquel patrimonio espiritual que han fabricado para nosotros las generaciones anteriores durante siglos, y que tenemos el derecho de perfeccionar, de dilatar, de engrandecer; pero no de malbaratar, no de destruir, no de hacer que llegue mermado o que no llegue a las generaciones venideras; que la tradición, en último análisis, se identifica con el progreso, y no hay progreso sin tradición, ni tradición verdadera sin progreso".
(Juan Vázquez de Mella)

    "España fue una federación de repúblicas democráticas en los municipios y aristocrática, con aristocracia social, en las regiones; levantada sobre la monarquía natural de la familia y dirigida por la monarquía política del Estado".
(Juan Vázquez de Mella)

    “La patria es espíritu. Ello dice que el ser de la patria se funda en un valor o en una acumulación de valores, con los que se enlaza a los hijos de un territorio en el suelo que habitan”.
(Ramiro de Maeztu)

    "La Patria es cosa natural. Es la herencia de nuestros padres, el tesoro de nuestros hijos, la tierra donde hemos nacido, el hogar que ha sido testigo de nuestras alegrías y de nuestros dolores, es la lengua que hemos aprendido y con la cual nos expresamos fácilmente... Por ley de naturaleza estamos obligados a amarla y defenderla, de tal manera, que todo buen ciudadano ha de estar pronto a arrostrar la misma muerte por su Patria".
(Juan María Romá)

    “Sin tradición no hay patria y los hombres sin patria viven en el mundo condenados al suplicio del Judío Errante; llevan consigo una espantosa maldición; son el grano de arena del desierto, que, abrasado por el simoun, se agita sin saber en donde parará y abrasa a su vez todo cuanto toca”.
(Julio Nombela)

    “El amor a la Patria es ese sentimiento indefinible que nos une al suelo que nos vio nacer, donde nuestra vida se desarrolla y donde esperamos y queremos que se abra nuestra tumba; es el amor al suelo donde viven las personas que nos son queridas dentro y fuera de la familia, donde descansan los huesos de nuestros padres, donde nacen esos seres que sólo a cada uno de nosotros es dado llamar con el nombre de nuestros hijos, donde habita esa familia inmensa a la que nos unen los vínculos del idioma, de la legislación, de las costumbres, de la historia, y como podía decirse hasta hace poco en España, los vínculos de una religión misma”.
(Guillermo Estrada y Villaverde)

    "La Patria es la historia de la patria. Si nos falsifican la historia, nos roban la Patria".
(Jordan B. Genta)

    “Una Patria lo son los campos, los muros, las torres y las casas, los son los sepulcros y los altares; lo son los hombres vivos, padre, madre y hermanos, los niños que juegan en los jardines, los campesinos que cultivan el trigo, los comerciantes, los artesanos, los obreros, los soldados; no hay nada en el mundo más concreto”.
(Charles Maurras)

    “Cuando la Patria no es el recinto de los templos y las tumbas, sino una suma de intereses, el patriotismo deshonra”.
(Nicolás Gómez Dávila)

    "Al conjunto de las personas sometidas a la autoridad de un padre de familia se le llama familia. A partir del siglo X, al conjunto de las personas reunidas bajo la autoridad de un señor, jefe de una mesnada, se le llama familia. Al conjunto de las personas reunidas bajo la autoridad de un barón, jefe de un feudo, se le llama familia. Y más adelante veremos que el conjunto de las familias francesas fue gobernado como una familia. El territorio sobre el cual se ejercían esas diversas autoridades ya sea que se tratara de la de un jefe de familia, de la del jefe de mesnada, del barón feudal o del rey- es denominado uniformemente en los documentos como patria, el señorío del padre. "La patria, dice Frantz Funck-Brentano, era al principio el territorio de la familia, la tierra del padre. La palabra se extendió al señorío y a todo el reino, puesto que el rey era el padre del pueblo. El conjunto de los territorios sobre los que se ejercía la autoridad del rey se llamaba, por tanto, Patria".
(Henri Delassus)

miércoles, 25 de mayo de 2016

SAR Don Sixto Enrique, Príncipe Legionario

   El pasado 12 de marzo S.A.R. Don Sixto recibía en El Pardo un reconocimiento legionario más, con la imposición de la insignia de honor de la Hermandad de Caballeros Legionarios de Sevilla, de manos de una insigne familia carlista y legionaria, como tantas ha habido. Vale la pena recordar los pormenores de su paso por el Tercio.


   La Familia Real se había destacado en los años sesenta del siglo pasado por un increíble activismo en acciones humanitarias. Para la familia rival el listón era demasiado alto: la Infanta María Francisca había servido en la Cruz Roja en auxilio de los húngaros durante la represión soviética de 1956; la entonces infanta María de las Nieves había realizado el Servicio Social en el Castillo de la Mota en Medina del Campo, y la entonces también infanta Cecilia se había volcado en intentar paliar el desastre humanitario de Biafra. En enero de 1964 José Arturo Márquez de Prado, jefe nacional adjunto del Requeté, impulsó el alistamiento en la Legión de S.A.R. Don Sixto. La iniciativa partía en gran parte de su hermano mayor Carlos Hugo y contaba con el apoyo entusiasta de Don Javier. En una operación totalmente reservada el Comandante Sixto Barranco, delegado del Estado Mayor de Requetés, jefe carlista de Melilla y del Banderín de Enganche de la Legión y el Capitán de la Legión Morán Carapeto –ambos habían combatido en la Cruzada en el Tercio de Requetés sevillano de Nuestra Señora de los Reyes y mantenían vivo el entusiasmo y los ideales de aquellos días-- realizaron las gestiones oportunas para el alistamiento de S.A.R. bajo el nombre supuesto de Enrique de Aranjuez. Dentro del estamento militar sólo ellos dos conocían su verdadera identidad, y nunca se le dispensó trato de favor alguno, realizando la instrucción como un soldado más. Junto a Don Sixto se alistó otro joven carlista bilbaíno, Juan Carlos García de Cortázar, que dejaba sus estudios de cuarto curso de la carrera de ingeniería industrial, para estar junto al Infante. Finalmente a finales de 1964 Don Sixto empieza su periodo de instrucción en Melilla, en el Tercio Gran Capitán, I de la Legión, jurando bandera en una fecha tan significativa como el 2 de mayo de 1965. A la jura acudieron varios carlistas andaluces y valencianos, manteniendo en secreto la identidad del Infante de España. El juramento a la bandera fue el siguiente:

·         ¿Juráis a Dios y prometéis a España, besando con unción su bandera, respetar y obedecer siempre a vuestros jefes, no abandonarlos nunca y derramar, si es preciso, en defensa del honor e independencia de la Patria y del orden dentro de ella, hasta la última gota de vuestra sangres?

   Enterados los juanistas de la presencia de Don Sixto en la Legión empezaron a presionar a los mandos más altos, más sensibles al poder constituido y algunos de ellos seguidores de la rama liberal alfonsina. Pero entre la oficialidad legionaria y el pueblo carlista la presencia de Don Sixto despertaba grandes simpatías.



   La pretensión de Don Sixto era la de realizar sus tres años de servicio militar. Sin embargo la llamada Secretaría Técnica de Carlos Hugo entendió que era más propicio explotar publicitariamente su presencia, filtrándolo a los medios de comunicación y dedicando reportajes en la prensa carlista. El franquismo licenció anticipadamente al legionario Enrique de Aranjuez a los once meses e intentó amortiguar el impacto propagandístico de su presencia, que era todo un contraste con la de los miembros de la dinastía liberal (el llamado Conde de Barcelona sirvió bajo bandera enemiga en la Royal Navy y a Juan Carlos se le dispensó una instrucción entre algodones en las academias generales, con un expediente más que mediocre). Desde entonces Don Sixto ha mantenido una relación estrecha con la Legión, recibiendo reconocimientos por parte de diversas Hermandades y manifestando públicamente su disposición y espíritu legionario, como en aquel manifiesto “A los Navarros” de noviembre de 1977, que no puede estar más de actualidad:

         (…) Yo pido a todos los navarros que por encima de actitudes partidistas y bajo la Bandera de España, que como soldados todos hemos jurado, en esta hora triste y de prueba en que parece que se quiere castigar a Navarra su glorioso sacrificio en la Cruzada del 36 y su valor —con los que logró para su Escudo, que con los de Castilla, León y Aragón forman el real y nacional de España, la Gran Cruz Laureada de San Fernando—, formen en derredor de sus Instituciones naturales para defender las legítimas libertades que constituyen sus Fueros.

   Otro hecho destacado es que la República francesa reclamó a Don Sixto para la realización del servicio militar, como ya hiciera su hermano Carlos Hugo. Don Sixto había nacido en el exilio, en Pau, ciudad occitana, en puridad hispana, pero uncida a Francia. Sin embargo, como Infante de España, Don Sixto comprendió que no podía jurar la bandera de la Revolución francesa y no acudió a la llamada del servicio militar francés. Por este hecho fue condenado a un año de prisión por el Tribunal permanente de las Fuerzas Armadas, el cual dispuso asimismo el embargo de sus bienes.



   Tras ser licenciado de la Legión contra su voluntad y contra derecho, Don Sixto pasó a Portugal, donde al amparo de amigos y parientes de la Familia Real estuvo en los principales ámbitos de la administración civil y también en el mundo de las finanzas junto a la familia Espíritu Santo. Visitó asimismo las provincias portuguesas de África, a cuyo servicio puso su instrucción militar.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Montejurra 1976, los hechos y su contexto

   Existe una obsesión casi enfermiza de algunos sectores por los sucesos de Montejurra 1976 y sus desgraciadas y lamentables víctimas, que todos lamentamos. Pero los hechos tienen que ser sometidos a la verdad en un análisis de contexto y no convertirse en una bandera partidista.

   El carlismo, el de siempre, ha tenido cientos de muertos en enfrentamientos con las izquierdas, con los  lerrouxistas, con los nacionalistas etc. a lo largo de toda su historia fuera de los conflictos bélicos clásicos, y eso no impidió a la escisión ideológica huguista acercarse a esos sectores, llegar a pactos e incluso invitarlos oficialmente a sus Montejurras desnaturalizados. Lo que esconde en realidad esa obsesión por Montejurra 76, es enmascarar el fracaso total de esa escisión ideológica que en realidad no fue hacia el socialismo (en un sentido clásico y estricto se podría decir que el carlismo tuvo elementos de socialismo blanco antimarxista) sino hacia un progresismo izquierdista con tintes nacionalistas. Esa deriva ideológica le llevó a pedir la libertad de los criminales etarras y a mostrarse partidario del divorcio y del aborto.

   Montejurra 1976 no supuso el declive del carlismo, ni siquiera del partido de Carlos Hugo. El único responsable de este declive es el propio Carlos Hugo y su política; la prueba empírica de ello es que hasta el fracaso de 1979 esa obsesión por los sucesos de 1976 no estaban presentes con tal magnitud en sus filas. De hecho en 1977, el EKA utilizó la marca Montejurra para presentarse a las elecciones en Navarra, pensando que los sucesos de 1976 les daría un rédito electoral, publicidad y credibilidad democrática. Sin embargo la formación Montejurra-Federalismo-Autogestión que promovieron los seguidores de Carlos Hugo fue la opción menos votada en Navarra, con un 3,2% de los votos. En cambio la opción que mayoritariamente apoyaron los carlistas, Alianza Foral Navarra, quedó en cuarto lugar de un total de nueve formaciones con 22.349 votos, un 8,47% de los votos. Todos los informes internos del partido de Carlos Hugo tras los fracasos electorales de 1977 y 1979, fracasos estrepitosos y totales, no hacen referencia como causa a Montejurra 76, como el Informe sobre las elecciones legislativas del 15/6/1977 del partido carlista elaborado por Miguel Alvarez Bonald responsable de la Comisión Federal electoral. En este texto se dice textualmente:

   “Es preciso resaltar que un descalabro electoral no es consecuencia directa o exclusiva de una campaña electoral o de la existencia de serios condicionamientos provenientes del exterior, sino que sus causas arrancan de atrás. Las elecciones sólo hacen que emerjan todas las contradicciones que el partido lleva implícitas en su organización. No querer aceptarlo así, es muestra de una soberbia o miopía de tal magnitud y trascendencia, que sofocarían inexorablemente a la extinción del partido, allí donde existieran.”

   Luego de detallar causas externas, se centra en las causas internas y más importantes donde cita explícitamente el desconcierto del pueblo carlista por las alianzas con los comunistas y maoístas en estas elecciones. El pueblo carlista se había alejado de la estructura política de Carlos Hugo. Hay muchos otros ejemplos. El causante directo y real del fracaso es la escisión ideológica de Carlos Hugo. Luego vendría la aceptación de la constitución de 1978 y otras  derivas y bandazos similares. El propio Julio Redondo, seguidor pucelano de Carlos Hugo reconoce en carta de 1976, lo siguiente:

   “Me decían esos amigos: hemos estado haciendo el idiota toda la vida, y por supuesto tenían razón los del MOT, del GAC y los del FOS. Estos fueron los videntes. Los que decían que de monarquía nada y lo curioso es, que después de expulsar a unos y a otros por dimes y diretes, resulta, resulta que decimos, los altos dirigentes,  que tenían razón anticipada y lo decimos cuando se han marchado todos y no nos quedan obreros ni estudiantes y estamos en manos de un grupo de señoritos. (…) ¿Qué se pretende? Crear algo nuevo o ampararse en algún grupo que acepte a Don Carlos; creo sinceramente y así lo dicen todos, que para ser republicano-socialista, hay campo suficiente y un obrero está mejor en UGT que en el fallecido FOS (…) la verdad es que esto hace perder la confianza en la seriedad mental de los que manejan el cotarro”.

   Ejemplo contundente de la locura en que se había convertido ese partido de Carlos Hugo, abandonado de todos y en manos de facciones de lo más variopinto.

   La obsesión por Montejurra 1976 esconde el intento de negación  del fracaso total del proyecto de Carlos Hugo. Hoy es el monotema recurrente de la residual escisión ideológica roja a la que los medios de comunicación del sistema demoliberal dan carta de legitimidad, una válvula de escape de la realidad y de justificación. Y esta, si que quiere servir al intento, por parte del sistema, de impedir la reorganización del verdadero carlismo tradicional

   Se intenta convencer que fue un intento de masacre general. Cualquiera que conozca Montejurra sabe que si alguien pretende una masacre, disparando directamente a una masa que sube apretada por la ladera, con niebla, y con armas automáticas, no produciría una o dos víctimas, sino cientos. Los hechos están por aclarar, porque la versión del partido huguista hace aguas por todos lados. Si desde la cima se ordena disparar a una masa que sube por el monte, puedo asegurar que las víctimas mortales se cuentan por centenares. En un enfrentamiento, como hubo muchos otros, en la historia política, pueden producirse victimas desgraciadas, pero es ridículo afirmar que ese fue un plan determinado. Lo que sí está claro es el asesinato, planeado y luego justificado y este si con alevosía y predeterminación de al menos ocho personas por ETA por su presencia en Montejurra 76 con los tradicionalistas. ETA anteriormente ya había asesinado al menos a dos carlistas, Carlos Arguimberri Elorriaga y Víctor Legorburu Ibarreche, y al margen de los justificados por Montejurra 76 asesinaría posteriormente a decenas de carlistas más. El carlismo es la fuerza política que más asesinados tiene por el terrorismo separatista, pese a ello el partido de Carlos Hugo invitaba a ETA a sus actos.

   El primero de esos atentados mortales “justificado” por Montejurra 76 tuvo lugar muy poco tiempo después, el 4 de octubre de 1976 y acabó con la vida de Juan María Araluce Villar y cuatro personas más. Araluce fue miembro de la juventud jaimista de Vizcaya durante la II República, Requeté durante la guerra de 1936-1939 licenciado con el grado de Teniente piloto, era miembro de la Hermandad de Antiguos Combatientes Requetés. Jurista de enorme prestigio fue fiel al principio católico y monárquico, pese a que en plena crisis del carlismo cambió sus lealtades dinásticas, e incansable defensor de la foralidad y la identidad de Guipúzcoa desde sus puestos de responsabilidad política. Presidía la Diputación de Guipúzcoa desde 1966 y era consejero de la Unión de Asociaciones Familiares desde 1966, Presidente de la Asociación Local de Cabezas de Familia. Marcelino Oreja lo define como “un carlista nada falangista”. Y pese a ocupar cargos públicos incide en que “nunca levantó el brazo ni se puso la camisa azul”. El diario El País, de tendencia izquierdista, se refería al asesinado como “regionalista y moderado”. Casado con Teresa Letamendía tuvo nueve hijos, a los que inculcó el amor a la religión y a la Patria.

   Juan María de Araluce fue asesinado el 4 de octubre de 1976, cuando ocupaba la presidencia de la Diputación de Guipúzcoa, territorio histórico en que venía desarrollando su profesión de notario desde 1947, primero en Tolosa y posteriormente en Rentería. Asesinado a balazos en la puerta de su casa, prácticamente delante de su familia, en el atentado fallecieron también su chófer, José María Elícegui Díaz y tres policías de escolta: Agente Alfredo García González, Inspector Luis Francisco Sanz Flores y Subinspector Antonio Palomo Pérez.

  José María Elícegui Díaz, conductor del vehículo oficial del presidente de la Diputación de Guipúzcoa, tenía 25 años. El día que lo asesinaron, era su último día de trabajo como chófer, puesto en el que llevaba un año como interino sustituyendo al anterior conductor cuando éste se jubiló. Sobrevivió unas horas al atentado, falleciendo a las once y veinte de la noche del mismo 4 de octubre tras ser sometido a varias transfusiones de sangre. Tenía pensado casarse en los próximos meses. Su funeral se celebró el 6 de octubre en Pasajes, localidad próxima a San Sebastián. “Muchas vecinas me dijeron que como la muerte había sido así, es decir, un atentado terrorista, tenían miedo y no podían ir al funeral (...) Después del atentado la gente cambió de actitud y comportamiento con la familia, no reaccionaban con normalidad”, contó Clementina Díaz, madre de José María (Cristina Cuesta, Contra el olvido, Temas de Hoy, 2000).

   Alfredo García González, policía nacional, era el conductor del coche de escolta de Juan María Araluce. Natural de Lago de Babia (León), tenía 29 años y estaba soltero. Tras el funeral en León, más de cuatro mil personas se manifestaron en silencio por la ciudad.
Antonio Palomo Pérez, subinspector de Policía, era miembro de la escolta de Juan María Araluce. Natural de Osuna (Sevilla), tenía 24 años y estaba soltero. Fue enterrado en Madrid junto a su compañero, Luis Francisco Sanz Flores.

   Luis Francisco Sanz Flores, policía nacional y escolta del presidente de la Diputación de Guipúzcoa, cumplía 25 años al día siguiente de ser asesinado. Natural de Madrid, se había casado con una donostiarra quince días antes del atentado que le costó la vida. Los responsables de este crimen se beneficiaron de la amnistía.

   El segundo atentado mortal que ETA justificó por los sucesos de Montejurra 76 fue el del Comandante y jefe de la 65 Bandera Móvil de la Policía Armada Joaquín Imaz Martínez. De una ilustre familia de militares navarros y carlistas. El Pensamiento Navarro del martes 29 de octubre de 1978 señala en su artículo de homenaje al Comandante Imaz “Por Dios, por Navarra, por España”, como su padre, Genaro Imaz Echeverri, fue uno de los fundadores de la Legión Española, muerto en la toma de Vargas (Toledo). Por vía materna “pertenecía a una familia que era la quintaesencia del patriotismo. Su abuelo materno José Martínez Morea era Procurador de los Tribunales. Era hombre de gran piedad y muy carlista. Cuando estalló la guerra cuatro de sus hijos, que habían cumplido los quince años, marcharon voluntarios. El mayor murió de requeté el 15 de agosto de 1936 en Robregordo. Otro estuvo en la VI Bandera como legionario, ascendió a sargento y murió en septiembre de 1938 en el Ebro. Otro estuvo de Requeté. Y otro más fue Requeté, luego alférez y terminó la guerra en la Legión. Luego hizo toda la campaña de Rusia en la División Española de Voluntarios. Pero aquellas bandas de comunistas armados que entraron en España en otoño de 1944 acabaron con su vida con un tiro en la cabeza”. Javier Nagore Yarnoz glosaba también en el artículo “El más firme querer” la figura del Comandante Imaz.

   El 26 de noviembre de 1977 sobre las 22:15 miembros de la banda terrorista dispararon por la espalda nueve disparos al Comandante Imaz cuando se dirigía a recoger su coche aparcado cerca de la plaza de toros. Cuando yacía muerto en el suelo le remataron con un tiro en la sien. Dejaba viuda y huérfana a una niña de siete años. La banda terrorista ETA justificó su asesinato por lo que decían su responsabilidad en los incidentes de Montejurra 1976, una acusación demencial absolutamente fuera de la realidad, pero que otorga una idea clara de la manipulación que las fuerzas enemigas del carlismo venían haciendo del Vía Crucis. ETA se tomó la supuesta represión que pudo mandar el Comandante Imaz contra ella misma, lo que no puede mostrar más a las claras como la deriva huguista fue aprovechada, instrumentalizada y copada por fuerzas enemigas del carlismo.

   El asesinato del militar navarro recibió una condena unánime de todos los partidos políticos, a excepción de los que hacían de brazo político de los terroristas. La primera nota de condena vino de la Comunión Tradicionalista, que pedía contundentemente contra la subversión separatista a las que se unieron, con tono más moderado, las de PNV, PSOE, UCD, ESEI, Alianza Foral Navarra, Partido Comunista de Euskadi, PSP y la maoísta ORT. La página ocho de El Pensamiento Navarro, 29 de noviembre 1979, recogía la condena de la Agrupación de Juventudes Tradicionalistas “El asesinato de don Joaquín Imaz es otra trágica manera de la suicida actitud de este Gobierno, único responsable que dispone a su libre albedrío de los servidores del orden público. Exigimos que se haga justicia y se afronten las consecuencias de la vergonzosa y criminal concesión de la amnistía y claudicación ante el marxismo”.

   El 27 de diciembre de 1978 ETA asesinaba al jefe de las Juventudes Tradicionalistas de Vizcaya, José María Arrizabalaga Arcocha. Miembro de una importante saga de tradicionalistas desde muy joven se implicó en el carlismo, en 1969 con sólo 18 años sufre su primera denuncia política por participar en una protesta contra la expulsión de la Familia Real en la Plaza de los Fueros de Estella[7]. La escisión ideológica de Carlos Hugo le hará poner su lealtad en S.A.R. Don Sixto, que en junio de 1975 levantó la bandera de la legitimidad. Desde hacía aproximadamente un año, José María estaba hospitalizado en un centro de rehabilitación en Archanda (Bilbao), debido a una lesión sufrida durante un salto en paracaídas que le ocasionó una fractura vertebral. José María se había visto así forzado a solicitar la baja laboral en la biblioteca de la Casa de Cultura de Ondárroa en la que trabajaba. Al acercarse la Navidad, el hospital le dio un permiso y así pudo pasar las fechas con su familia, por lo que el joven aprovechó para acercarse a la biblioteca e ir adelantando algo del trabajo que había ido acumulando desde su lesión. El día 27 de diciembre, en torno a las seis de la tarde, Arrizabalaga se encontraba en dicho lugar, en el primer piso de la Casa de la Cultura, en compañía únicamente de dos niños que estaban leyendo sendos libros. En ese momento dos individuos se acercaron hasta el mostrador tras el cual estaba sentado el joven y le obligaron a identificarse. Inmediatamente ambos sacaron una pistola y dispararon hasta vaciar sus cargadores. José María Arrizabalaga fue acribillado a balazos, recibiendo once disparos: cuatro en el pecho, cerca del corazón y el resto en la cara y las piernas. Un nuevo crimen cobarde con el agravante de encontrarse la víctima arrastrando una dura lesión que limitaba mucho sus movimientos. Los asesinos bajaron las escaleras y, una vez en la calle, se dieron a la fuga en el vehículo en el que habían llegado, en el que les esperaba al volante un tercer terrorista. Los dos niños, únicos testigos del crimen, salieron gritando de la biblioteca. Cuando los primeros adultos en llegar al lugar descubrieron el cuerpo de José María eran ya las siete y cuarto de la tarde. Anteriormente los carlistas del pueblo venían sufriendo el acoso y la presión de los terroristas, y tras el asesinato de José María y el asesinato frustrado de uno de sus correligionarios el clima de terror continuaría y muchas familias carlistas se vieron obligadas a abandonar la tierra de sus padres.

   El último asesinato que ETA justificó en relación a Montejurra 76 y por el que no se han practicado detenciones fue el de Alberto Toca Echeverría. De 54 años de edad, estaba casado y tenía siete hijos, con edades comprendidas entre los 11 y los 29 años. Natural de Estella, llevaba veinte años residiendo en Pamplona. Era delegado de Asepeyo desde 1962 y fue uno de los impulsores de ANFAS, Asociación Navarra en favor de las personas con discapacidad intelectual, de la que llegó a ser presidente. Su hija mayor, discapacitada intelectual, recibía atención y realizaba terapia ocupacional en el centro San José de ANFAS en Burlada. Llevaba años apartado de toda actividad política.

   Alberto Toca se encontraba el viernes 8 de octubre de 1982 en su despacho de la delegación de Asepeyo de la capital navarra, en la calle Castillo de Maya, acompañado por un médico de la mutua. Hacia las 13:00 horas, dos individuos entraron a cara descubierta en las oficinas y, dirigiéndose a una de las secretarias, preguntaron por Alberto. Tras indicarle cuál era el despacho, los terroristas se encaminaron hacia él y abrieron la puerta. Desde el umbral, preguntaron: “¿tú eres Alberto Toca?”, a lo que la víctima contestó que sí. Sin mediar palabra, los pistoleros efectuaron cuatro disparos contra Toca, que cayó sobre la mesa y después al suelo. Allí los terroristas lo remataron con un quinto disparo.

   A estos ocho atentados mortales hay que unir también las amenazas sufridas por el hermano de Alberto, Ignacio Toca. Capitán de requetés del Tercio de Montejurra y siempre destacado militante carlista. Fue junto a Ignacio Ipiña y Pedro Echevarría el encargado de recoger a Carlos Hugo en Irún el 24 de noviembre de 1956, en su primera visita a España. Acompañó al ex príncipe en su periplo, resolviendo importantes problemas logísticos, participando en la elaboración de sus primeros documentos (muchos de los cuales se discutían en su propia oficina) y realizó importantes sacrificios económicos para la promoción de Carlos Hugo[8]. A principios de los sesenta es nombrado presidente de la Hermandad Penitencial del Vía Crucis de Montejurra, encargada de organizar el tradicional acto, que se convirtió en el más señero del carlismo y plataforma de lanzamiento de Carlos Hugo, con el que siguió colaborando estrechísimamente, con gran sacrificio personal (siguió proporcionándole apoyo económico y logístico y recibiendo multas del gobernador civil), hasta que este impuso su escisión ideológica. Pero lejos de ser presa del hastío siguió en la reorganización del carlismo.

   Formó parte de la Junta (órgano ejecutivo) de la Comunión Tradicionalista tras la asamblea de reconstitución de 22 de febrero de 1977 junto a Juan Saenz-Díez, Ignacio Laviada, Juan Antonio de Olazábal, Raimundo de Miguel, Angel Onrubia, José Arturo Márquez de Prado, Domingo Fal Macias, Antonio Garzón, José Antonio Cabrero, Guillermo Padura, Cruz María Baleztena, Federico Ferrando y José Abascal.

   Por su inquebrantable y pública postura tradicionalista el entorno terrorista lo amenazó varias veces. En un determinado momento la policía se dirigió a su domicilio para indicarle que debía abandonar Bilbao, donde residía al estar casado con una vecina de Guernica. Se habían encontrado documentos de la banda terrorista donde controlaban muy de cerca sus movimientos y había sido seleccionado como objetivo. La perplejidad de Ignacio Toca fue total, reclamando a la policía que lo debía hacer era adoptar las medidas adecuadas para garantizar su seguridad sin verse obligado a abandonar su domicilio. La policía señalaba que no podía asegurarle medios de protección y que cumplía órdenes del gobernador civil. Con esa desconsoladora información le dejó. Así estaban las cosas en Vascongadas y Navarra para los carlistas. Sin tiempo de encomendarse a nadie abandonó su hogar. A los pocos días desde Alicante, donde había conseguido instalarse provisionalmente llamó a algunos amigos y correligionarios. Informó entre otros al doctor Alberto Ruiz de Galarreta, que  notó a Ignacio muy alterado y afectado. Quedó en arbitrar algunos medios para hacer su estancia lejos de su hogar menos dolorosa. Sugirió además que viniese a Madrid a pasar unos días tranquilo, rodeado de amigos y correligionarios. A los pocos días quiso Alberto ir a Alicante, sus conocimientos médicos permitirían ayudarle en la inevitable situación de shock nervioso en que se encontraba. Pero en ese breve periodo de pocos días Ignacio Toca moría de un ataque al corazón.

   Montejurra 1976, sirvió para que el carlismo se enfrentara a la subversión y al intento del izquierdismo de instrumentalizar el Monte Sagrado. El conflicto que se planteaba en Montejurra era más amplio que el restringido entre el carlismo y sus escisiones hacia el progresismo, era un enfrentamiento entre la Tradición y la Revolución. Don Sixto y el carlismo tenía todo el derecho a no permitir la utilización del Monte donde se rendía homenaje a los mártires del carlismo por los enemigos seculares de lo que ha significado siempre el carlismo. Si su presencia ayudó a frenar ese intento de utilizar el prestigio del carlismo para la causa de la revolución, es de agradecer esa heroica acción de los carlistas.

   Otro aspecto fue la manipulación del Montejurra 76, por los intereses del Estado y sus cloacas, en un contexto político muy violento, pero el carlismo tradicional no participó de ninguna manera en esa operación. El Estado, ciertamente, se defendía de posibles adversarios políticos y en diversas operaciones fomento, por ejemplo, el surgimiento del maoísmo para debilitar al PCE, o la estrategia de la tensión utilizando tanto a la extrema derecha como a la extrema izquierda.

   Da pena y asco ver como algunos quieran vivir de sacar provecho de la desgracia de aquel día. Y de como el sistema acepta esa versión. Pero sobre todo causa desolación la ignorancia de quienes deberían continuar manteniendo enhiesta la bandera de la Tradición y están enfeudados en esta misma versión de aquellos tristes hechos.