martes, 9 de mayo de 2017

No hay carlismo sin legitimismo. Si no es sixtino, no es carlista



"Bajo el título de tradicionalismo hay mucho turbio y equívoco, hasta el extremo de cobijar los que, si en su día fueron secuaces de la buena Causa, hoy andan perdidos por laberintos de liberalismo.

Sobre todo por haber olvidado que la legitimidad es la garantía del contenido ideal, algo así como el tapón precintado del vino de marca. Ya se sabe: salta el tapón y no hay quien responda del vino. Lo más natural  es que se corrompa. Carlismo, pues, de pura legitimidad, pues sin ella las ideas se corrompen. Por algo el posibilismo, que cierra los ojos a las exigencias de la legitimidad, suele ser el peor enemigo de la Causa"

(Álvaro d' Ors. Revista Montejurra nº22)

“La monarquía, como una esperanza remota, porque antes hará falta un gobierno fuerte, provisional, que reconstruya el país y que establezca una constitución para que pueda venir el rey”. Es decir, que la monarquía no es salvación, sino náufrago al que se ha de salvar. Los salvadores son ellos, un gobierno cualquiera, los más acreditados del demos, una república, el mando de muchos para restablecer la vida pública. Luego, esperanza remota…, cuando ya todo está construido, se pone como remate el adorno de un rey. ¡No sirve para otra cosa! Ese es el rey del régimen democrático constitucional y los que así piensan son revolucionarios hasta la médula aunque no lo sepan"

(Luis Hernando de Larramendi  ‘Cristiandad, Tradición, Realeza’)

"El carlismo tuvo arraigo popular gracias a su legitimismo dinástico, de tal modo que sin este hecho difícilmente hubiera aparecido en la historia española un movimiento político semejante, aunque su principal y más profunda motivación fuera religiosa. Podríamos encontrar semejanzas con otros movimientos antirrevolucionarios como la Vendée, los tiroleses de Austria o los cristeros de México. Pero estos casos, después de haber fracasado su levantamiento militar desaparecen como movimientos políticos. El carlismo, por el contrario, reaparece en la vida política española tras varias derrotas militares y largos períodos de paz en que se afirma que ha perdido toda su virtualidad. Se explica esta diferencia por el hecho de que la defensa de los principios político y religioso está íntimamente unida con la causa dinástica. Por ello Cuadrado puede afirmar que si ésta desapareciera su presencia se refugiaría “en las regiones inofensivas del pensamiento”.

Si se tratara de encontrar el medio para que desapareciera definitivamente el carlismo de la escena política española, habría que seguir aquella política que se propone desde El Conciliador. Hacer que desaparezcan las motivaciones dinásticas y de este modo se habrá conseguido que el carlismo no represente un permanente peligro de desestabilización política”.

(José Mª Alsina Roca. El Tradicionalismo Filosófico en España)


"Tal fue el caso de la tradicional monarquía española, por más que se haya querido ver en su historia una evolución constante y uniforme hacia la desaparición de las libertades y autonomías locales y sociales. Como dijimos, en poco o nada había variado de hecho nuestra organización municipal y gremial desde los primeros Austrias hasta Carlos IV, al paso que, desde la instauración del régimen constitucional, varía el panorama en pocos años hasta resultar hoy casi desconocida para el español medio la antigua autonomía foral y municipal.

La monarquía viene a ser así la condición necesaria de esa restauración social y política. Si todas las sociedades e instituciones que integraban el cuerpo social eran hijas del tiempo y de la tradición, en el tiempo y en la tradición deberán resurgir. Su restauración debe ser, necesariamente, un largo proceso. Para que se realice, se necesita de un poder condicionante que se lo permita y que las encauce y armonice en un orden jurídico. La Monarquía es la única de las instituciones patrias que puede restaurarse por un hecho político, inmediato; y ella es, precisamente, ese poder acondicionador y previo. En frase de Mella,

la primera de las instituciones, que se nutre de la tradición, y el canal por donde corren las demás, que parecen verse en ella coronada"

(Rafael Gambra. La monarquía social y representativa en el pensamiento tradicional)

“Si esto es así, las exigencias de la restauración recorrerían un proceso inverso al que impuso la historia, y esta inversión del proceso parece imponerse en vista de la necesidad de romper, en primer lugar, las estructuras político-financieras de los poderes que dirigen la revolución y que hacen prácticamente imposible la restauración desde abajo. El poder estatal creado por la revolución es tan exclusivo, tan absoluto, que no se puede soñar con restaurar el orden social si no se comienza por poner los resortes de ese poder en las manos encargadas de la misión restauradora”.

5 comentarios:

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  2. Porque hasta hace pocos años sus sobrinos, los hijos de Carlos Hugo, podían tener algún derecho a la Corona de España, a pesar de la traición del padre, ya que ellos nacieron antes de producirse ésta. Carlos Javier y Jaime ya han sido excluidos por ser liberales, por sus matrimonios desiguales y por reconocer a la Usurpación. Va siendo hora de que Don Sixto se deje proclamar rey legítimo de España, aunque me parece que es tan humilde como su padre y eso, aunque es una virtud cristiana, a veces dificulta las cosas.

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    1. Lo que usted dice es una falsedad. Tildar al Rey D. Javier de maqui cuando en "la resistencia francesa" había de todo, es, cuanto menos, atrevido. Desde luego que "la resistencia" puede ser discutible, al igual que posicionarse en cualquiera de los dos bandos de la II Guerra Mundial, pues ninguno representaba intereses para la Cristiandad. Pero lo que no es cuestionable es el compromiso inquebrantable de Don Javier respecto al carlismo. De hecho, se ha publicado recientemente un pequeño documental que demuestra lo obvio: la vida al servicio de la Tradición del Rey Don Javier y del Príncipe Regente Don Sixto Enrique. Aquí lo tiene por si es de su interés: https://www.youtube.com/watch?v=u5SJYj3AFC4

      Sin embargo, el carloctavismo carece del todo de legitimidad. Primero por la colaboración con el liberal (al estilo napoleónico) régimen de Franco, una colaboración bochornosa teniendo en cuenta que el propio Don Javier I, don Manuel Fal Conde y un gran número de auténticos y leales carlistas sufrían destierro, cárcel y persecuciones; además se vivían los sangrantes hechos de Begoña y desde luego que la política del régimen fue de todo, menos tradicionalista. Pero eso el tal "Carlos VIII", porque si nos vamos a "Domingo de Habsburgo" (que firma como Dominic, a la inglesa) pierde toda legitimidad de origen, pues es ciudadano estadounidense, por lo que renunció de facto a cualquier título que pudiera corresponderle. De hecho, seamos serios, Dominic pasa de todo y para colmo se casó con “Nella”, la judía Emmanuela Mlynarski, después de divorciarse de su primera mujer. En fin, desde "Carlismo Galicia" lamentamos que los descendientes de Doña Blanca de Borbón se inclinen a emparejarse con hijas del pueblo deicida, desde aquel Carlos “VIII”.

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    2. He eliminado sus últimos comentarios porque este cuaderno bitácora no es lugar para un debate de este tipo. En cualquier caso, se han leído con detenimiento y, pese a lo errado de sus argumentos, se agradece la educación.

      Para más cuestiones, puede ponerse en contacto con carlismogalicia@gmail.com

      Reciba un cordial saludo en Cristo Rey.

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