jueves, 23 de febrero de 2017

Juan Sáenz-Díez, ejemplo de lealtad

Juan Sáenz-Díez fue un carlista gallego que nació en el seno de una familia que era propietaria del Banco Simeón, del que pronto se vería vinculado en un puesto directivo. Golpeado por el Crac de la Bolsa de 1929 de Nueva York, que presenció en vivo y en directo ya que, vivió unos cuantos años en Estados Unidos; aprovechó para conocer, de manera complementaria, el funcionamiento de la prensa norteamericana para fundar un periódico en España. Posteriormente, ya en la década de los años 30, se dedicaría al negocio de la fabricación de bombillas, siendo también presidente de "Coloniales Sáenz-Díez S.A", sociedad dedicada a artículos coloniales y ultramarinos.

Ya en los años 60 dirigió "Almacenes Simeón" y, en general, estuvo muy implicado en la empresa familiar del grupo Simeón. Con ello, contribuiría generosamente a la financiación de la Causa en su probadísima lealtad que a continuación se detalla. 


Durante la Cruzada Nacional de 1936, Sáenz-Díez formó parte de la Junta Nacional Carlista de Guerra, siendo su delegado de Intendencia. Pero, en febrero de 1937, a dos meses del fatídico Decreto de Unificación y oliéndose la artimaña militar y de los posibilistas de turno para liquidar una posible restauración legitimista, participó en la asamblea carlista de Portugal en la que se acordó que era necesario «afirmar nuestra personalidad (la del carlismo) ante el Poder Público, con todo nuestro contenido y con el acuerdo de que así hemos venido a la campaña». 

Ganada la Guerra, Sáenz-Díez fue uno de los firmantes de la Manifestación de los Ideales Tradicionalistas, que reclamaba la restauración de la monarquía tradicional. Después formó parte de la Junta Auxiliar del tradicionalismo, organización sustituta de la Junta de Guerra, fiel al jefe delegado Fal Conde y contraria al Decreto de Unificación, que en 1942 llegó a calificar al régimen franquista de «intruso y usurpador», acusándolo de haber «llevado el desgobierno y el malestar a todos los órdenes de la Administración pública y de la vida nacional». Coincidiendo con el declive del fascismo en Europa, la Junta reivindicaba la autoría del Alzamiento Nacional frente un régimen que, «contra toda razón y todo derecho, se ha impuesto bastardeando y contrariando los móviles que llevaron a derramar su sangre y a sufrir sacrificios de toda clase a tantos y tantos españoles». Ya en el verano de 1943 Sáenz-Díez fue también partícipe y firmante del manifiesto carlista Reclamación de poder, que reclamaba la restauración de la monarquía legítima y fue entregado por el General Vigón a Franco, quien haría caso omiso del documento.

Aprovechando sus conocimientos periodísticos y de prensa por su estancia en EE.UU, compró en 1936 El Correo Gallego y, en 1952, compró a título personal el diario madrileño Informaciones, el cuál terminó poniendo a disposición de la Comunión Tradicionalista. Tras la adquisición, según Manuel de Santa Cruz, «el periódico —sin ser portavoz oficial de la Comunión Tradicionalista— defendía y propugnaba en la medida legalmente posible las orientaciones carlistas». 

Habiendo cesado Manuel Fal Conde como jefe delegado de la Comunión Tradicionalista en 1955, Sáenz-Díez fue nombrado por el rey legítimo Javier de Borbón Parma miembro de la nueva Secretaría Nacional de la Comunión, junto con José María Valiente, José Luis Zamanillo e Ignacio Hernando de Larramendi. Estuvo al frente de la comisión económica de la Comunión hasta ser destituido en el cargo en 1963 por Don Javier, tras oponerse, junto con otros dirigentes carlistas, a la nueva estrategia de la secretaría del príncipe Carlos Hugo.

Tomando parte de la estrategia de cierto sector del carlismo en aquellos años con la política colaboracionista, en 1967 se presentó sin éxito en La Coruña como candidato a procurador en Cortes en representación del tercio familiar, con una campaña que pedía el voto con el eslogan: «Vota a Juan Sáenz-Díez: Portavoz en Cortes de la Economía gallega. Defensor en ellas de los valores permanentes de la Patria. Servidor siempre de los principios espirituales».

Además de su labor política y empresarial, Sáenz-Díez fue uno de los redactores de la revista Misión, en la que también escribían otros escritores carlistas como Juan Peña Ibáñez, Máximo Palomar, Fernando Polo, Rafael Gambra, Francisco Elías de Tejada, Agustín González de Amezúa y Manuel Senante.

Tras la expulsión de la familia Borbón Parma en 1968 por parte del gobierno, Sáenz-Díez manifestó su desacuerdo con la medida, así como con la designación de Juan Carlos de Borbón como sucesor de Franco a título de rey. En una carta de diez folios escrita a Laureano López Rodó, fechada en 2 de mayo de 1969, afirmaba que Don Javier de Borbón Parma se había sumado, aún antes de su inicio, al Alzamiento del 18 de julio y ello le legitimaba para aspirar a la Corona.

Al producirse la división en el seno del carlismo a raíz de la expulsión de la familia Borbón Parma y los llamados Congresos del Pueblo Carlista (1970-1972), se le propuso en 1971 formar parte de la Hermandad de Antiguos Combatientes de Tercios de Requeté, organización opuesta a los Borbón-Parma, pero rehusó. No obstante, en 1972 escribió una carta a Don Javier, repudiando el programa revolucionario del recién creado "Partido Carlista" que lideraba el príncipe Carlos Hugo, sin embargo, en la misiva dejaba constancia de su lealtad a Don Javier, a quien consideraba ajeno a esa deriva y a los textos que se hacían circular en su nombre.

En 1975 fue uno de los firmantes de unas cartas a modo de ultimátum dirigidas al rey Don Javier y después a Carlos Hugo, en quien el rey acababa de abdicar por coacciones y amenazas. Al no recibir respuesta, participó en la reorganización de la Comunión Tradicionalista (1975) bajo el liderazgo de Sixto Enrique de Borbón, que nombró a Sáenz-Díez jefe delegado. Como tal, fue uno de los firmantes que la legalizaron como partido político en 1977, junto con Antonio María de Oriol, José Luis Zamanillo y José Arturo Márquez de Prado. En 1975 formó parte también de la directiva de la Hermandad Nacional de Antiguos Combatientes de Requetés presidida por el general Luis Ruiz Hernández, con el cargo de tesorero.

Como nuevo dirigente tradicionalista, Juan Sáenz-Díez fue colaborador del histórico periódico carlista El Pensamiento Navarro. En él publicó el 7 de enero de 1978 un artículo titulado Con escarnio para el pueblo navarro, en el que criticaba la decisión del Consejo de Ministros de aceptar un texto "preautonómico" para las tres provincias vascas y Navarra. No por oposición a una autonomía necesaria y reivindicada desde siempre en el "federalismo histórico" de la foralidad carlista, sino por rechazo a la artificialidad de las llamadas Comunidades Autónomas y por la absorción de Navarra por parte del nacionalismo vasco, como poco después ocurriría.

Finalmente, en 1984 Sáenz-Díez fue sustituido como jefe delegado de la Comunión Tradicionalista por Carlos Cort y Pérez Caballero. 

Sáenz-Díez moriría en Madrid, un 12 de octubre (día de la Hispanidad) de 1990.

martes, 14 de febrero de 2017

El protestantismo como germen del liberalismo

El protestantismo es el modulador del mundo moderno. Fue el origen de las monarquías absolutas que aparecieron en Europa al abrigo de su revuelta política, destruyendo la unidad orgánica de la Comunidad Política, punto de arranque del leviatán del totalitario Estado moderno. Fue el detonante de la liberación religiosa y jurídica de la usura y la rapiña que dio origen a los imperios bancarios y financieros de la plutocracia, su calvinismo fue la ética del naciente capitalismo dando carta de naturaleza a la explotación económica y al materialismo economicista. Fue caldo de cultivo del repugnante racismo holandés y británico que se evidenció en sus colonias factorías, producto de su predestinación religiosa. Colonización depredadora, imperialista y genocida.



Su fideísmo destruyó la síntesis armónica clásica de Fe y Razón, que sustentaba la civilización levantada por la inteligencia católica comunitaria. Pariendo el liberalismo y el modernismo, incubando el subjetivismo y el relativismo social. Su puritanismo rigorista asfixió a los pueblos que cayeron en sus garras, siendo padre del fariseísmo de la moralina burguesa moderna, derivando en abismo directo hacia el nihilismo más disolvente en la posmodernidad. Fue germen de la filosofía moderna desde su larvado nominalismo y su idealismo camino de secularización y laicismo. Fue senda de todas las ideologías totalitarias: marxismo y nazismo nacientes en las naciones de su suelo devastado. Fue el destructor del ethos occidental y configuró la actual Europa laica y plutocrática sobre las ruinas de la Cristiandad, a la cual dividió en honda fractura histórica, religiosa y política. El error religioso llevó al error político y este al error económico.

Dice el P. Leonardo Castellani que la frase de Rousseau que es el núcleo de toda la doctrina liberal es. “!Déjeme en paz!”…y continua “Esa obsesión de la libertad propia de un loco vino a servir maravillosamente a las fuerzas económicas que en aquel tiempo se desataron; y al poder del Dinero y de la Usura, que también andaban con la obsesión de que los dejasen en paz. Los dejaron en paz: triunfaron sobre el alma y la sangre, la técnica y la mercadería; y se inauguró en todo el mundo una época en que nunca se ha hablado tanto de libertad y nunca el hombre ha sido en realidad menos libre”.

Poder político y fuerzas económicas, siempre con la pretensión de que se “les deje en paz”, esa es la esencia del liberalismo, consagrada por la fractura teológica de la escisión entre naturaleza y gracia del luteranismo.

El mismo P. Castellani escribe: “El protestantismo fue arrojado de Austria, Italia, España y Francia en el siglo XVI gracias a los esfuerzos del Imperio Romano Germánico de Carlos V. Pero entró en esos países en el siglo XVIII y XIX disfrazado con el bello nombre de liberalismo…El liberalismo, con los falsos dogmas de sus falsas libertades, es un protestantismo larvado y un catolicismo adulterado. Eso es lo que ha debilitado política y socialmente a las naciones católicas de Europa: la ficción del catolicismo”.

La ficción del catolicismo, es decir un catolicismo liberal, burgués que ha renunciado a su doctrina social, repetidamente enseñada por los Pontífices. Un catolicismo hueco, totalmente desnaturalizado y ajeno a su secular tradición. Un maridaje antinatural de catolicismo y liberalismo en el que muchos están empeñados, en su intento (condenado por los Papas) de reconciliar a la Iglesia con el mundo moderno.



El último episodio de este lamentable proceso es el llamado”modernismo católico”, que hoy infecta por todas partes a la Iglesia y a su teología. Intento de reducir al catolicismo a la esfera de lo privado, de la conciencia individual. Resultado final de la máxima liberal-católica “de una Iglesia libre en una sociedad libre”.


miércoles, 1 de febrero de 2017

Vázquez de Mella: un gallego por afinidad, por afecto y por espiritualidad

En Madrid acaba de morir D. Juan Vázquez de Mella, ilustre hombre público, publicista, pensador, orador elucuentísimo. Por su gran modestia y por sus arraigadas creencias políticas no quiso ocupar ningún alto puesto. Sin embargo, en la consideración nacional estuvo siempre en la línea de nuestras primeras mentalidades.


Nació en Cangas de Onís, pero estudió carrera mayor en Santiago. En la biblioteca universitaria formó su espíritu y con el corazón puesto en Compostela vivió toda su vida. Por ésto, con motivo de su muerte, la prensa de aquella ciudad le ha consagrado mucho espacio, desenterrando interesantes episodios de su vida.

"Mella -dice un periódico compostelano- no había nacido en Galicia aunque muchos diccionarios enciclopédicos señalan esta su tierra como la de su nacimiento; pero era igual. Si la casualidad quiso llevarle a nacer en la región vecina, de donde su difunta madre era nativa, aquí vivió siempre, aquí se educó y de aquí se consideraba él. ¡Con qué fervor hablaba siempre de Santiago!, de sus primeros años de estudiante, de su infancia discurriendo por las calles compostelanas, de los días agitados en que bajo lo porches de la monumental Compostela discutía y libraba batallas académico-políticas, y de las horas de paz y sosiego, en la tranquilidad virgiliana transcurridos en su casa de Boimorto.


Como todo lo que se ama, también Galicia fue ingrata con Mella, pues cuando quiso representarla en Cortes, siendo ya una figura sobresaliente en la política española, le volvió la espalda. Fue en el año 1919, gobernaban los mauristas y al encasillar los diputados que habían de formar aquel Parlamento hecho a semejanza del ilustre Maura, con las organizaciones antiguas, señalaron a Santiago como lugar más adecuado para que Mella luchase con los antiguos dominadores del distrito.

Unos días antes de la elección, en vísperas ya de la fecha señalada para ella, Mella llegó a Santiago. Fuimos de los pocos que acudimos a recibirle, porque nos ligaba a él una antigua amistad. Nos preguntó nuestra impresión y sinceramente, claramente, casi brutalmente, la expusimos al amigo.

A pesar de todos los pesares, con todas las simpatías del Gobierno de entonces y todas las seguridades del ministro de Gobernación, que lo era D. Antonio Goicoechea, Mella salió derrotado. Sin embargo, Vázquez de Mella obtuvo la mayoría de los votos de Santiago. Alcanzó aquí 1495 votos mientras que su contrincante lograra 1229. Entonces, como siempre, quien dio el triunfo ha sido la población rural".

De entonces -dice el mismo periódico- conocemos un episodio que muchos ignorarán y que, sin embargo, tiene mucha gracia por tratarse de los personajes que se trataba. Un sacerdote del Ayuntamiento de Enfesta, que aún vive en el vecino distrito, hombre de arraigo en el país, era dueño de la votación de toda aquella parte. y se sabía que estaba, por razones de parentesco con personajes liberales de Santiago, del lado de éstos. Mella, que fue apercibido de eso, procuró atraerse al cura y hasta se valió del Obispo Auxiliar, su gran amigo, el señor Valbuena (q.D.h).

-Yo no haré nada, no me enteré de nada, decía como última promesa.
-Si votan por V., aún añadió, será porque sabían de mis compromisos anteriores y creerán darme gusto en ello; pero yo nada les diré para que lo hagan.
La votación de Enfesta fue favorable al contrincante del señor Mella y dio el triunfo al señor Cotarelo.
-¡Cuándo yo diga en Madrid, exclamaba luego, que he sido derrotado por un cura, no van a creerlo!".

Sus primeros pasos por la vida pública los dio Mella desde las columnas del periódico. Ya lo recordábamos ayer en una breve nota. Comenzó aquí con "Franco Leal" (Fernández Suárez) Jamardo Crisman, Tarrío, Caldelas, Gallego y Calvelo redactando "El Pensamiento Galaico". Luego fue a Madrid llamado para dirigir "El Correo Español", órgano de D. Carlos. Allí, con el maestro de periodistas D. Beningo Bolaños "Eneas", con el malogrado Cirici Ventalló que manejaba la sátira y el humorismo como pocos y sin bajar a la chabacanería, y con otros muchos compañeros, Mella escribía sus impresiones acerca de la vida política española, que eran tenidas en alto aprecio y constituían los grandes sucesos.


Aún después, cuando venía a Santiago con cualquier motivo y aquí se quedaba con propósito de estar unos días, que a lo mejor se convertía en meses, Mella no sabía pasarse sin acudir a las redacciones de los periódicos.

Recuerda un diario santiagués los grandes éxitos parlamentarios de Vázquez de Mella y dice que se hizo célebre la frase con que terminó uno de sus discursos: desgraciados los pueblos que son gobernados por mujeres y niños. Nosotros -es ahora VIDA GALLEGA quién habla- podemos evocar aquel discurso con la autoridad y la emoción de testigos presenciales.

Se debatía en el Congreso el desastre colonial, y las oposiciones batían fieramente al Gobierno de Sagasta. Presidía la cámara el marqués de la Vega de Armijo. Vázquez de Mella pronunciaba una oración llena de fuego y en lo más ardoroso de ella lanzó aquel famoso apóstrofe que se hizo célebre y que el periódico compostelano recuerda ahora.

Eladio de Lema (Faro de Vigo)
11 de marzo de 1928