viernes, 2 de febrero de 2018

Gallaecia, la primera monarquía católica de la Historia

Requiario fue rey de los suevos entre el año 448 y 456. Proclamado rey tras la muerte de su padre Reqhila, ascendió muy joven al trono. Las fuentes hablan de él como el primer monarca católico, anticipándose medio siglo al franco Clodoveo y más de un siglo a la conversión de Recaredo.


Se ha discutido si se trató de una conversión personal o si tenía intención político-religiosa en toda la monarquía sueva de Gallaecia. Si tenemos en cuenta la división interna de la monarquía a causa del paganismo de un sector importante de ésta, frente a la nueva tendencia emprendida por Requiario, la relación entre el catolicismo del monarca y la oposición a su toma de poder define un supuesto: el que la conversión se haya producido con anterioridad a su ascenso al trono. Sea cierta o no esta teoría (ya que no hay un acuerdo entre los historiadores) es, sin embargo, una probabilidad más que considerable teniendo en cuenta la política posterior nada más llegar al trono e incluso ya la que tenía su propio padre y antecesor Reqhila. Por lo tanto, debemos decir que no se trató de una simple conversión personal, sino que Requiario tenía una intención de continuidad y vinculación con la romanidad. Es curioso este fenómeno porque vemos como, demorándose el Imperio Romano, el catolicismo ejerce como nexo para el nuevo Imperium sine fine que supone la Iglesia y comprobamos cómo la romanización y el vínculo con Roma se realiza, principalmente, a través de la conversión al catolicismo. Será la base que conformará la Christianitas maior medieval.

La conversión de Requiario adquiere significado en el contexto de la política emprendida por éste y que llevará al reino suevo a su máxima cota de poder. Su ambicioso plan de expansión, que continúa la línea que ya había iniciado su padre, consigue someter bajo el poder suevo a gran parte de la península. Bajo Requiario el reino suevo llega a un periodo de cierta madurez, con un conocimiento de la realidad geopolítica de la península y un proyecto desplegado a tal efecto. Así, si su padre había ceñido sus campañas a la Lusitania y Bética, él las continuará por la Cartaginense, la Tarraconense y el Norte peninsular, desarrollando además una actividad diplomática y de establecimiento de alianzas, como su boda con la hija de Teodomiro o su alianza con los bagaudas en la Tarraconense, al tiempo que numerosos contactos lo relacionan con el gobierno imperial, que ve cómo los suevos se internan en las provincias que se encontraban bajo su autoridad.


Retomando con su conversión podemos entender ésta, como anteriormente hemos señalado, como una pretendida adhesión a Roma. Decisiones destacadas de su reinado como es la referente a la emisión de moneda, destacándose como el primer rey suevo del que se tiene constancia una acuñación propia, además de la capacidad de asimilación de las formas romanas, manifiestan un mensaje político que se ha identificado con el deseo de presentarse como heredero legítimo del poder romano y de vincularse con éste. Por lo tanto, paso al cristianismo debió tener un idéntico sentido, de tal forma que estaríamos ante dos manifestaciones de un mismo proyecto político, pretendiendo caracterizar a la monarquía sueva como continuadora del poder romano. Sería una decisión totalmente acorde con las circunstancias que rodean a este pueblo, especialmente con la fase de consolidación alcanzada por la monarquía, que le obliga a definirse y dotarse de legitimidad frente a los poderes externos, pero también frente a los internos. El catolicismo, en cuanto elemento perteneciente al bagaje cultural romano, da un sentido político a la monarquía que desea vincularse con la tradición romana. Así pues, parece ésta la verdadera dimensión de este episodio, cuyo trasfondo viene determinado por el profundo grado de identificación alcanzado entre el cristianismo y la tradición latina. 

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